Joaquín Talavera, Instructor en la Parroquia Conversión de San Pablo, de Turdera, tiene como objetivo personal seguir progresando en el deporte y volcar toda su experiencia a la enseñanza de sus alumnos.

 

Joaquín, el segundo desde la izquierda, practica taekwondo desde los 11 años.

Joaquín Talavera practica Taekwondo ITF desde hace 11 años. Hoy, con 22, el vecino de Turdera lleva adelante distintas clases en la Parroquia Conversión de San Pablo. Su mayor desafío es perfeccionar y sacar lo mejor de cada uno de sus alumnos. Los torneos, son algo secundarios

“Empecé a los 11 años a entrenar y a los 14 pasé a ser ayudante de mi profesor Roberto Ramos, que es Cuarto Dan. Él dictaba clases de Infantiles y Adultos y como tenía ganas de enseñar, me derivó a Adolescentes Adultos. Me sirvió como experiencia”, le manifestó el joven a La Unión.

Cuenta Joaquín que “a los 16 años era cinturón negro 1° Dan y al cumplir los 18 años mi  profesor me ofreció quedarme con la totalidad de la clase de Infantiles”.

Dentro de lo que son las artes marciales, hay nueve cinturones de color y otros tantos negros. “En mi caso estoy por llegar a la tercera categoría de cinturón negro. Los primeros se llaman Guts y van del 9° al 1°, siendo el blanco el más bajo. Y  una vez que se llega al negro, pasa a ser Dan hasta el noveno”, explicó.

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“Y en lo que respecta a los Danes, se divide en categorías. Los tres primeros como Instructor son Sabon, cuando va del 4° al 5° Sabon Nim e Instructor Mayor. La otra categoría, de 7° a 8° Maestro y 9° Gran Maestro”, agregó.

Joaquín forma parte de la ITF (Federación Internacional de Taekwondo) y en lo que sería la Argentina, está en la TAA (Taekwondo Asociación Argentina) y dentro de esta, en la ATP (Taekwondo Asociación Profesional).

El joven da clases en la Parroquia Conversión de San Pablo, en el barrio de Turdera. Tiene a su cargo 16 alumnos Infantiles y 12 Adultos. “Los chicos son los más complicados, generalmente porque a veces se distraen y hay que estar encima de ellos todo el tiempo. Por eso cuando comencé a ayudar a mi profesor, mi trabajo era mantenerlos en silencio para que lleve la clase adelante sin problemas”.

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Su mayor desafío pasa por el entrenamiento de sus alumnos.

La mayoría de los chicos y profesores, toman el deporte como un aprendizaje y a su vez, para competir en diferentes torneos, desde Selectivos a Mundiales. Pero no es el caso de Joaquín Talavera. Él lo ve y lo explica así: “Nunca fue mi ambición competir. Me baso en llevarlo como filosofía de vida, como un método de defensa y un estilo de vida. El Taekwondo y las artes marciales en general, tienen un reglamento, y es eso lo que permite tener competiciones”.

Y agregó: “No entreno para competir. Si puedo entrar en uno o dos torneos en el año, sí, no hay problemas, pero no es algo que me llame la atención en ese sentido. Quizás de más chico podría ser, pero no es algo que me quite el sueño”.

Sus objetivos, personales, tienen más que ver con su crecimiento. “Lo mío es seguir avanzando y en lo que pueda, ayudar al deporte en líneas generales. No sé si me querrán dar un lugar, pero si es así está bien. Lo mío es sin aspiraciones, solo como arte marcial”.

“Pienso siempre en dar las mejores clases y que mis alumnos sean los mejores en lo que hagan”, cerró Joaquín.