Este sábado se celebra el Día del Cine Nacional y cada 23 de mayo se recuerda este acontecimiento en homenaje a la primera película argumental, “La Revolución de Mayo”, dirigida por Mario Gallo.

La película fue estrenada en el Teatro Ateneo de Buenos Aires, ubicado en Corrientes y Maipú, el 23 de mayo de 1909, siendo un hecho muy publicitado en la Argentina de entonces.

El film original estaba dividido en 15 cuadros de los cuales se conservan apenas 9, cada uno de ellos precedido por un cartel. En la película se relatan los acontecimientos del 25 de Mayo de 1810 y los sucesos ocurridos en los días anteriores.

Como suele ocurrir, hay algunas polémicas al respecto. Para algunos historiadores, ese privilegio lo tiene “El fusilamiento de Dorrego”, estrenado según sus investigaciones el 24 de mayo de 1908, mientras que otros lo sitúan entrado 1910.

De todos modos, ambos filmes fueron dirigidos por Mario Gallo, que mantendría su lugar de privilegio con cualquiera de estas dos obras.

¿Pero quién fue Mario Gallo? Fue un cineasta, director y productor de cine que nació en Barletta, en el Sur de Italia, en 1878, y que llegó a Argentina en 1905, como tantos de sus compatriotas en aquellos años.

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Cuando desembarcó en Buenos Aires no imaginaba que se iba a dedicar al cine, un arte incipiente por entonces, y que sus películas iban a ser pioneras en Argentina. Su mundo era el teatro y quizás hasta mirada medio de reojo al cine que estaba empezando a nacer.

Este buen hombre había trabajado con Leopoldo Fregoli, otro un famoso italiano, un transformista que en el final del Siglo XIX había filmado cortometrajes mudos que incluía en sus espectáculos.

Su oficio era el director de coros de un elenco de operetas y paraba la olla como pianista en los cafés. Mientras ejecutaba las teclas blancas y negras se topó con un tal Atilio Lipizzi, otro italiano radicado en nuestras Pampas.

Este buen hombre había trabajado con Leopoldo Fregoli, otro famoso italiano, un transformista que en el final del siglo XIX había filmado cortometrajes mudos que incluía en sus espectáculos. De esta forma, casi por casualidad, Gallo comenzó a vincularse con el Séptimo Arte.

Los estudiosos de su obra dan cuenta de que su estilo tiene influencias del Film d'Árt, que intentaba en Francia la primera aproximación al cine como arte. Esta corriente artística veía en el cine un potencial artístico y desechaba el concepto de que sea una expresión de menor rango.

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Gallo siguió filmando y le siguieron “Camila O' Gorman”, “La creación del Himno Nacional” y “Juan Moreira”, entre otros títulos. Con una docena de films bajo su lente, en 1919 estrenó “En buena ley”, su última obra.

Su figura fue ganando cierta popularidad al punto de que Ángel Villoldo se inspiró en él para componer el tango “Sacame una película, gordito”, incluyendo las características físicas del director en el título del tema.

A partir de 1920 emitió las “Actualidades Gallo Film”, noticiario que luego de su éxito inicial de a poco fue perdiendo regularidad, hasta su cancelación definitiva. Este final no fue lamentado por el público.

En sus filmes, por lo general, invertía más de lo que recaudaba y los críticos aseguran que su obra no se aggiornó a las nuevas tendencias internacionales. Mario Gallo siguió ligado a la industria del cine y falleció en la pobreza en 1945, a sus 67 años.