El hijo del reconocido escultor lomense se detuvo sobre cada uno de los monumentos de su padre, históricos para la localidad, con el objetivo de contar los sucesos de su construcción, las historias ocultas y las restauraciones llevadas a cabo por él mismo.

Los Gallardón son una familia emblemática de Lomas y un legado que llevó a Eduardo a seguir los pasos de su padre Alberto y convertirse en un artista, pero inclinándose a la música. A sus 74 años, sigue cantando con su dúo folklórico “Los Comechingones”, tradicionalista en la localidad, con el que cumplió medio siglo de existencia.

se encargó de la restauración de “remordimiento”.
se encargó de la restauración de “remordimiento”.

Pero a Eduardo también lo persiguió el deber ético y moral de aprender sobre escultura para restaurar los monumentos que su papá llevó adelante con tanta pasión y dedicación, que hicieron especial a la Plaza Grigera: sigue siendo el único profesional en Sudamérica que contó con cuatro esculturas en un mismo espacio verde.

El hijo del reconocido escultor lomense, que comenzó en el arte a través de la pintura, se detuvo detalladamente sobre cada uno de los monumentos de su padre, históricos para la localidad, con el objetivo de contar los sucesos de su construcción, las historias ocultas y las restauraciones llevadas a cabo por él mismo.

SU PADRE, ALBERTO GALLARDÓN, ES EL ÚNICO ESCULTOR EN SUDAMÉRICA QUE POSEE CUATRO monumentos EN UNA MISMA PLAZA.

EL MONUMENTO A LA MADRE. Es de 2,20 metros de alto y está hecho completamente de bronce: “Mi papá se basó en varias mujeres de la familia: los pechos son de mi tía y las piernas y la cabeza son de dos primas diferentes”. Una anécdota muy particular recordó Tito sobre dicha escultura, cuando su padre ya había terminado el molde con arcilla: “Un día la estaba mirando y de repente, sin tocarla, se cayó. No sabía que había pasado. Rescatamos la cabeza y el resto la hizo devuelta. Tardó un año en finalizarla y dos meses en repararla”.

Por culpa del vandalismo, Tito se vio obligado a retirar la escultura de la plaza, la cual desde un comienzo miraba hacia la avenida Yrigoyen, para que no siga sufriendo más deterioro. “Es la madre de todos”, exclamó Gallardón con euforia, y contó que ya está en tratativas para buscar un espacio para colocarla nuevamente.

Comenzó en el arte a través de la pintura.
Comenzó en el arte a través de la pintura.

BOMBERO. A la hora de hablar sobre el monumento al bombero, ubicado en la esquina de Yrigoyen y Sáenz, contó sobre la decisión que lo motivó a repararlo: “Me daba lástima ver cómo estaba, si no lo hago yo que soy el hijo, no lo hace nadie”. Inmediatamente, afirmó que, para él, es primordial la existencia del arte en la plaza. “Mi papá inventaba los motivos para las esculturas. Se presenció en el cuartel y les dijo que los iba a homenajear con un monumento, por lo que les pidió que le presten un modelo de bombero”.

MONSEÑOR SCHELL. El busto de Monseñor Schell, moldeado hace 30 años, fue llevado a cabo a pedido del Monseñor Colino y se efectuó a semejanza de cuatro o cinco fotos. “Una vez terminado, se lo llevó y se lo dejó arriba del escritorio”, admitió Gallardón hijo.

REMORDIMIENTO. Por último, se refirió a la obra “Remordimiento”, que muestra a un chico arrepentido luego de matar con una gomera a un pájaro. Lo llamativo de esta escultura es que fue robada, y apareció luego en Brasil: “El intendente de ese entonces, Bruno Tavano, me llamó y me dijo que la habían encontrado en San Pablo. Mi hermano fue para traerla, incluso intervino el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Consulado Argentino”.

Ya en el país, se dieron cuenta que habían alterado la obra de arte, ya que en la mano del niño, en lugar del ave se encontraba un racimo de uvas. Actualmente, la obra se encuentra totalmente restaurada y a la espera del pedestal para volver a la Grigera. “Creo que es la más representativa para los lomenses por el verdadero sentimiento del chico”, cerró Tito.