Héctor Safatle, admirador del prócer, fue el encargado de revivir uno de los sucesos más importantes de la historia argentina y la paradoja de que el impulsor de la Revolución no tenga su propio día para conmemorarlo.

Hoy se celebra el Día de la Bandera y se cumplen dos siglos de la muerte de Manuel Belgrano, aquel prócer que quedará en la memoria, entre tantos hechos, por haber sido el creador de la bandera argentina, celeste y blanca como los colores de la escarapela. Aquella insignia patria, izada por primera vez en Rosario, hace emocionar a cada habitante argentino cuando flamea y nos representa como un país libre e independiente. Héctor Safatle es el vicepresidente de la Asociación Sanmartiniana de Lomas y se presentó como un profundo admirador de Belgrano, su historia y sus hazañas, contando algunos detalles sobre el origen de nuestro pabellón.

El 27 de febrero de 1812, Belgrano izó, por primera vez y a orillas del río Paraná, la que luego sería la bandera Argentina. Aquella historia contada en tantas escuelas primarias y plasmada en cientos de libros de historia, en la que el militar miró al cielo para inspirarse en los colores de la bandera, no es del todo correcta. “El cielo tiene que ver, ya que son los mismos colores de la dinastía borbónica, la que tenía sus fundamentos en Dios y su poder divino hacia el rey. El celeste y blanco son los colores del manto de la virgen y de la banda que usaba Fernando VII”, dijo quien se desempeña como profesor de historia americana en distintos profesorados.

Paradójicamente, el día de la insignia patria se celebra el 20 de junio, fecha de fallecimiento del prócer. Al respecto, Héctor dijo que es imposible celebrar el día de la bandera y conmemorar la muerte de Belgrano, ya que “es una cosa o la otra”. Rápidamente, Safatle agregó: “Le buscamos una fecha a Belgrano en el calendario escolar para homenajearlo, la primera opción sería correr el día de la bandera y la segunda consiste en celebrar su día el 3 de junio, fecha de su nacimiento y la cual pasa inadvertida”.

Por otra parte, la figura de Manuel Belgrano, quizás, esté por debajo de José de San Martín en cuanto a la consideración social, pero fue el mismo Libertador de América quien lo catalogó como “el hombre más grande que dio América del Sur”. “Las virtudes morales de Belgrano fueron inmensas, a tal punto que fueron lo que soportaron el peso de la Revolución y la mantuvieron viva”, sostuvo el lomense.

Cabe recordar que, durante los primeros días de 1812, la causa de la Revolución se encontraba, según Héctor, “herida de muerte”: Militarmente, los realistas se encontraban formidables y los territorios que habían ocupado por la fuerza de las armas eran sostenidos por la opinión pública. Mientras, el ejército argentino se encontraba totalmente diezmado. “Había que rehacer todo, más que nada la opinión pública, para revertir ese ánimo, ya que sin eso nada se hubiese podido conseguir”, dijo Safatle.

El 20 de junio de 1820 fallecía Belgrano, inmerso en la pobreza. Al no poder pagar por los servicios del médico que lo atendía, le dio su reloj, que lo había recibido como obsequio del Rey Jorge III de Inglaterra.

“Lamentablemente, doscientos años después, Belgrano va a seguir muriendo solo. En este año de pandemia mundial, más todavía, va a haber que esforzarse mucho para que la ciudadanía rescate su figura. Y que se haga sentencia sus palabras finales: ‘¡Ay, Patria mía!’”, concluyó Safatle.