León Gieco en “Bandidos Rurales” cuenta las vivencias de algunos de los bandoleros que asolaron las pampas argentinas en otros tiempos y que se transformaron en leyenda e incluso en una suerte de deidades paganas.

Juan Bautista, Segundo David Peralta,Martina Chapanai, Juan Cuello, Juan Moreira, Gato Moro, el Gauchito Gil y otros tantos son citados en la canción del trovador santafesino.

La lista también incluye a Andrés Bazán Frías, considerado por muchos como el “Robin Hood tucumano”, por su accionar de robar a los ricos para repartir el botín entre los pobres.

La vida de este bandolero llega a la pantalla grande con “Bazán Frías,  elogio del crimen”, un documental dirigido por Lucas García y Juan Mascaró, producido por Cine Bandido.

Un siglo después de la muerte de Andrés Bazán  Frías, en manos de la Policía, los internos del penal de Villa Urquiza de Tucumán, deciden formar parte de un taller para representar parte de la vida de este bandolero.

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El verdadero protagonista de las escenas, Andrés Bazán Frías, nació en el barrio Los Siete Lotes, Villa Alem, en San Miguel Tucumán a finales del Siglo XIX.

Criado en la extrema pobreza, comenzó a robar comida para repartir entre los vecinos de su barrio, de ahí su cercanía con Robín Hood, y por un asesinato fue condenado a prisión.

Por los malos tratos sufridos en la cárcel, planeo fugarse y lo logró. Mientras era buscado por la justicia, en 1923 fue asesinado por la Policía cuando intentaba trepar un muro del Cementerio del Oeste, donde se había refugiado junto con su mujer.

El documental reconstruye buena parte de la vida de Bazán Frías y la de su época, más allá de lo que consta en la historia oficial y en los archivos periodísticos de época.

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También incluye fragmentos de ficción con los internos del Penal de Villa Urquiza como protagonistas, con el equipo del film a cargo, supervisándolos y guiándolos en esta aventura.

Con vestuario de época, logran reconstruir parte de la vida de Bazán Frías, en episodios fundamentales de la existencia del bandolero tucumano.

Los internos hablan en primera persona de las penurias de sus vidas, de sus sueños de libertad, de las condiciones de reclusión y hasta llegan a establecer algún paralelo entre Bazán Frías y sus propios orígenes marginales. Incluso algunos debelan sus inquietudes artísticas.

Bazán Frías está enterrado en el Cementerio del Norte, lugar de descanso final de las clases populares tucumanas. Convertido en una suerte de Robín Hood, para algunos es un santo popular, con su tumba repleta de agradecimientos y pedidos. Bazán Frías es hoy el “santo de los presos”.