Vaya que es compleja la vida de las segundonas y los segundones. Se trata de una existencia durísima y sacrificada que se desarrolla en tiempo completo siempre detrás de una figura fuerte, de la que se vive eternamente, o casi, a su sombra.

De todos modos, este rótulo de segundón no es peyorativo, ni ahí, quizá todo lo contrario. Porque no es moco de pavo eso de andar a sol y sombra apuntalando a otro para que se luzca y a cambio de unas migajas.

De última, el segundón tampoco es el último orejón del tarro: siempre estará acechando un inalcanzable primer puesto, pero por delante de muchos que estarían contentos con el segundo lugar.

Hay segundones anónimos y no tanto por doquier, como todos los vicepresidentes de los distintos países del mundo, de los clubes, de las asociaciones cooperadoras o de los que sea.

También se suman a esta listado otro tipo de abnegados segundones, como los coristas, los jueces de línea, esos arqueros eternamente suplentes... y la lista continúa…

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También los hay con nombre y apellido y hasta portadores de cierta fama, como el Coquito del Capitán Piluso, el Sancho Panza del Quijote, el Bernardo de El Zorro, el Robin de Batman, el Nito Mestre de Charly García, y la Juanita de Doña Petroña, entre otros tantos que se pueden citar.

Las vicedirectoras y los vicedirectores también forma parte de este club de sacrificados que quedan postergados al segundo lugar y se la bancan muy piolas en el sitio que les toca ocupar, dando lo mejor de sí.

Pero no todo lo que brilla es oro. Por ejemplo, suele pasar que los padres de los alumnos prefieren solucionar cualquier pleito con la directora o el director, y no con sus subalternos. “Ah, ¿no está la directora?, bueno, vengo mañana. Disculpe, gracias igual”, le espeta una madre en la cara a la pobre vice, que hizo todo lo que tenía a su alcance para resolver esa inquietud.

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También los docentes optan por sentarse a proponer sus proyectos educativos y también a llevar sus planteos a quien está a la cabeza y no con la figura que le sigue en la línea de mando, a pesar de que cualquiera de ellos pueda ser vice a corto plazo y estarán de ese lado del mostrador.

Esta labor de ser la segunda guitarra, de tener una gran responsabilidad pero no la total toma de decisiones, de ser el 2 y no el 1, no es una labor sencilla y hay que tener lo que hay que tener para cumplir con esta noble misión.

Quizá algún día se les dé la oportunidad y se sienten en el sillón de dirección, con lo todo lo que ello implica. Mientras tanto vaya un reconocimiento a las vices y a los vices de todos los establecimientos educativos de la Argentina y del mundo.