El equipo docente del Jardín Nº955 logró revertir el rechazo que los vecinos le tenían al establecimiento por haber sido construido en lo que antes era una canchita de fútbol.
El grupo docente que deja todo por los chicos.

La vocación por la docencia las llevó a luchar contra vecinos del Barrio 2 de Abril de Rafael Calzada que no querían que en una cancha de fútbol que sentían como propia hubiera un jardín de infantes, pero finalmente fue construido. “Fue difícil”, recuerda la directora, Emilce Colinas, pero aclara que pudieron modificar la situación “gracias a la voluntad de las maestras”.

Todos los días desde que abrió sus puertas en 2014 con lo básico para comenzar a trabajar, el Jardín N°955 de Calzada era apedreado, pero el equipo docente no bajó los brazos y siempre tuvo la prioridad de educar a sus alumnos y además, al afuera.

“El lema desde aquel entonces cuando arrancamos fue ‘educar a los niños y no será necesario castigar a los hombres’, y eso es lo que hasta hoy nos impulsa cada día a abrir nuestras puertas pensando en que la educación es el basamento fundamental de nuestra sociedad”, aseguró la directora, que cuenta con orgullo todo lo que logró gracias a su grupo docente, que prioriza siempre a sus alumnos, que van a las salas de 3, 4 y 5 años.

Lograr el respeto y generar esa confianza entre docente y vecino no fue fácil, pero ese esfuerzo hoy es reconocido por la comunidad que cuida a sus docentes.

generar esa confianza entre el docente y el vecino “no fue fácil”.

Enseñar con el alma, con las emociones es la base del trabajo de las 13 docentes que conforman la institución que contiene todos los días a 170 alumnos. Cada mañana y cada tarde los reciben uno por uno, y no sólo los saludan, también se toman el tiempo de ver qué les pasó para comenzar la jornada.

“Estamos en un barrio carenciado y es por eso que al menos una vez al año hacemos excursiones a lugares a los que a veces los papás no pueden llevar a sus hijos, y eso es un gran logro para nosotros a pesar del esfuerzo que significa hacer rifas para poder concretar la salida”, cuenta Colinas, quien junto a la secretaria del jardín, Andrea Canepa, destacan que la educación está ante todo aunque la labor del docente en la actualidad “va más allá”.

“Hay mucho trabajo de contención. A pesar de que uno quiere abordar lo pedagógico, nos encontramos invadidos por otras muchas situaciones y como directora noto que mi equipo siempre prioriza al niño. En el jardín no hay quejas cuando se trata de ayudar a un alumno”, enfatiza con orgullo y asegura que el reconocimiento siempre debe exteriorizarse.

“Hay mucho trabajo de contención”, dicen.

Por eso, para estas docentes, el Día del Maestro es todo el tiempo; ese tiempo que se toman para escuchar, para planificar tareas en las que las horas de trabajo son interminables porque se corrige en la casa, se idean los actos y se esmeran por modificar positivamente aunque sea por un rato la vida de los niños.

“Se está dando un giro importante en la educación porque hay mucha capacitación que permite ver al alumno de forma integral, en todos sus aspectos”, dice Colinas, que acaba de cumplir 30 años en la docencia.

Es un proceso a largo plazo, pero está el camino abierto para poder brindar cada día una mejor educación. “Nosotras damos el programa de Educación Social Integral (ESI) que es anual, y los padres están muy agradecidos de que los chicos sepan lo que significa su cuerpo desde temprana edad”, señala.

Si estas 13 docentes que mantienen en pie el Jardín N°955 lograron transformar la adversidad en un ejemplo para el barrio, en el Día del Maestro las “gracias” se extienden infinitamente y la comunidad las abraza.