Sergio Pujol en “El año de Artaud” ahonda en lo ocurrido en el agitado e intenso 1973 con un recorrido político de aquel año junto con lo que pasaba por entonces en el rock argentino, especialmente con esos 12 meses en la vida de Luis Alberto Spinetta.

En aquel 1973, el Flaco editó “Pescado 2”, con Pescado Rabioso, y luego publicó “Artaud”, quizás su mejor disco y también uno de los más logrados de la historia del rock argentino. Sin detener su marcha, cerca del fin de ese año, presentó a Invisible, su nueva banda.

Según enumera el autor, 1973 fue el año de la “juventud maravillosa”, del “Tío” Cámpora, la Juventud Peronista y los Montoneros.

También cita y describe acontecimientos claves de ese año,  como la Masacre de Ezeiza, el comienzo del tercer mandato presidencial de Juan Domingo Perón y el asesinato de José Ignacio Rucci.

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Además, apunta cómo el poder del ministro José López Rega empezaba a perfilarse y las organizaciones guerrilleras creían en la inminencia de la revolución, entre otros mojones obligados de aquel 1973.

Mientras tanto, en la habitación de su casa paterna, en la calle Arribeños 2853, en el límite entre Belgrano y Núñez, un joven de 23 años, componía una serie de canciones mayormente inspiradas en la lectura de Antonin Artaud, el más maldito de los surrealistas franceses.

Esa obra se gestó con Spinetta que volvió a la casa de los viejos y en los albores de la relación con Patricia Salazar, quien sería la madre de sus cuatro hijos.

De aquel viaje poblado de música, poesía y la realidad de un país en ebullición nacería “Artaud”, con sus nueve geniales canciones y su particular diseño de tapa.

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Ese disco, que fue presentado en Capital y en La Plata, no tiene desperdicio alguno con clásicos imperecederos como “Todas las hojas son del viento”, “Cantata de puentes amarillos” y “Baján”. También originales composiciones, de esas que rompen moldes, como “Por” o “A Starosta el idiota”.

El autor narra los acontecimientos políticos, sociales y artísticos en 12 capítulos, cada uno asignado a los respectivos meses del año, con información fidedigna y gambeteando tomar partido.

De alguna forma, el “El año de Artaud” dialogan la política y el rock, que por entonces recién comenzaban a relacionarse, luego de no haberse encontrado tan fácilmente en los ’60 y en el inicio de la década siguiente.

Un buen recorrido por aquel año, marcado a fuego en la historia argentina, con el mejor disco del Flaco acompañado ese camino.