A cuatro años de la muerte del Gitano, una mirada sobre sus inicios, cuando fue un muchacho que emulaba a Elvis.

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“Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas, y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó. Me salvó de que fuera quizás un delincuente”, le contó Sandro al periodista Víctor Pintos, para un libro sobre la vida de Tanguito, sobre cómo el furioso rock & roll, a pesar de la fama de este estilo musical, fue el que le dio
un rumbo correcto a su vida, la que se apagó hace exactamente cuatro años en Mendoza.
Ese rock & roll que le marcó la buena senda apareció precozmente en su vida. Según cuenta la leyenda, a la que le daremos asidero, cuando el niño Roberto estaba en 6° grado, realizaba un playback de Elvis Presley en un acto escolar, pero una falla técnica hizo que se parara la música y el futuro Sandro de América cantó en un ingles chapurreado las estrofas que faltaron para completar el tema, ganándose la primera ovación de su vida.
Luego de ese debut inesperado, mientras repartía en una antigua y desvencijada Siambreta las damajuanas de la vinería de su padre, comenzó a darle forma a Los de Fuego. En ese combo adolescente, Sandro fue cantante y primera guitarra (sólo porque sabía un par de acordes más que el resto) y uno de los integrantes tuvo que confeccionar caseramente un bajo eléctrico porque aún eran inconseguibles en nuestras pampas.
En esos años, Sandro escandalizaba a la sociedad pacata de los ’60 con los movimientos de pelvis (como los de Elvis) y generaba berridos de las fans, aunque también la admiración de la platea masculina.
Cuando el rock comenzaba a formalizarse como movimiento en Argentina, Sandro abandonó ese perfil para
trasformarse en un genial baladista y en el protagonista de 16 películas, que servían de excusa para
promocionar sus discos. Este camino, del rock al género melódico, ya lo habían iniciado también el mexicano Enrique Guzmán, de Los Teen Tops, y hasta el propio Elvis, quien supo bajar el tempo de sus canciones.
De todos, el rock & roll es parte de su genética y, a pesar de ya no mover pelvis y enfundar pantalones de cuero, hasta en sus últimos conciertos despuntó el vicio de cantar, como en sus viejos tiempos, un par de rocks.