El único detenido por el crimen de Cristina Iglesias y su hija Ada admitió que él las mató y las enterró en la casa de Monte Chingolo.
El hombre se quebró ante el fiscal y comenzó la autoría del hecho.

Frente al fiscal, y tal como ya lo había hecho en la comisaría cuando las pruebas en su contra se acumulaban, Abel Romero, el único detenido por el crimen de Cristina Iglesias y su hija Ada, confesó haber sido el autor del doble femicidio de Monte Chingolo.

Fuentes judiciales confirmaron que, en la declaración indagatoria que prestó este lunes, el hombre repitió la versión que le había dado a la Policía, luego de que un perro rastreador lo incriminara, al identificar su rastro de olor en la sábana que envolvía el cadáver de la niña.

El fiscal Jorge Grieco, de la Unidad Fiscal de Instrucción N°2 descentralizada de Lanús, en las próximas horas le imputará a Romero el doble homicidio agravado de la mujer y su hija, por haber mediado violencia de género (femicidio), delito contemplado en el inciso 11 del artículo 80 del Código Penal y que prevé una pena de prisión perpetua.

Según contó una fuente judicial vinculada al expediente: "Romero se hizo cargo del hecho y reconoció que actuó solo. Dijo que él las mató con la cuchilla de la casa, que lavó, guardó y ya tenemos secuestrada. También confesó que él las enterró y luego limpió toda la casa”.

La misma fuente señaló que en su relato, Romero contó que la noche del hecho habían tomado pastillas del psicofármaco “Rivotril” y que además habían estado fumando marihuana.

También dijo  que la discusión se inició porque Iglesias quería mantener relaciones sexuales y él se negaba y que ante ello, su pareja comenzó a agredirlo y que fue ella quien agarró la cuchilla que él le quitó y con la que después cometió el doble asesinato.

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Siempre según los voceros consultados, respecto a la niña, Romero dijo que la mató porque se despertó y gritó al ver tirada a su madre, aunque los investigadores sospechan que es mentira y que a la niña la atacó mientras dormía.

Por último, también reconoció que se deshizo del celular de su pareja y que para intentar desvincularse introdujo como sospechoso a un ex vecino que tenía antecedentes por narcotráfico porque sabía que se había mudado al interior del país.

Cristina Iglesias y su hija, Ada, de 7 años.

La situación de Romero se complicó, cuando después del hallazgo de los cadáveres, "se cortó un trozo de la sábana que envolvía el cuerpo de la nena. Los entrenadores se lo dieron a olfatear al perro Bruno que, en la comisaría, fue directo a marcar al imputado”.

Bruno, considerado por varios investigadores como “el Messi de los perros”, está entrenado para seguir rastros oloríferos de personas vivas y, de acuerdo a lo que los entrenadores le explicaron al fiscal Grieco, el hecho de que haya apuntado a Romero indica que fue la última persona en haber tomado contacto con esa sábana que envolvía el cadáver.

Según las fuentes con acceso al expediente, ante esta evidencia, Romero se quebró y dio una nueva versión ante la policía, sin validez judicial. “Confesó que él asesinó a su pareja luego de un discusión que tuvieron mientras estaban empastillados. Y que mató a la nena para no dejar testigos”, confió uno de los investigadores.

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Romero fue detenido el viernes por la noche en la localidad de Rafael Calzada, cuando policías de un patrullero lo vieron deambulando y violando el aislamiento social obligatorio en prevención del coronavirus. Ante los investigadores policiales dio varias versiones con múltiples contradicciones, todas extrajudiciales.

Primero dijo que Cristina y su hija se habían ido en un auto con un conocido de su novia. Pero la Policía Científica ya había determinado que la casa donde ambas vivían había sido baldeada y que había rastros de sangre en el patio, en una habitación y signos de haber arrastrado un cuerpo.

Ante ello, Romero cambió de versión y dijo que a su pareja la habían asesinado por una deuda del narcotráfico, que a la niña la habían matado para no dejar testigos y que a él le habían perdonado la vida pero lo obligaron a lavar la escena del crimen.

Todo cambió el sábado cuando en una nueva inspección a la casa de la calle Domingo Purita 4064 de Monte Chingolo, partido de Lanús, los investigadores descubrieron los dos cadáveres enterrados en el fondo.

Luego de la intervención del perro Bruno, Romero se autoincriminó.

Esta tarde, asimismo, en la morgue judicial de Lomas de Zamora, se harán las autopsias de los cuerpos de las víctimas para determinar su causa de muerte.

De todas todas, el fiscal ya cuenta con un primer informe forense realizado por los peritos al momento de los hallazgos que indica que Iglesias (40) presentaba entre cinco y siete puñaladas y su hija Ada (7), dos o tres heridas de arma blanca y signos de asfixia.