El castillo de Banfield: la historia detrás de un lugar mágico en plena ciudad

ORIGEN Y HERENCIAS La construcción ubicada en Castelli y San Martín aún llama la atención de todos. Una vecina contó la historia y los recuerdos de su infancia.

Crédito: Eduardo Alfaro

El castillo asoma en el horizonte lomense.

Crédito: Eduardo Alfaro.

Con detalles únicos.

Todos los vecinos que pasaron, aunque sea una vez por la intersección de Castelli y San Martín, seguramente quedaron maravillados por una construcción en forma de castillo que asoma en el horizonte. A metros de esa esquina vive la lomense Graciela Castelli, quien contó detalles de esa locación y los recuerdos de su infancia, ya que de chica pudo ingresar a eselugar que "me encantaba".

"Cuando era una niña recuerdo que salía a jugar al patio y veía el castillo, me encantaba. Me da mucha nostalgia porque, justamente, lo relaciono con mi infancia, mis padres y mi hermano", empezó a relatar la escribana Graciela Castelli, que justamente tiene su negocio en la calle Castelli 739.

Me daba intriga saber qué era. Mi mamá nos explicó a mí y a mi hermano que el dueño, Antonio Resano, estuvo en Europa y se había enamorado de un castillo, entonces trajo en su cabeza la idea de replicarlo en este terreno.

Castelli admitió que en varias ocasiones le preguntó a su mamá sobre el castillo que estaba ubicado en la esquina de Castelli y San Martín, donde está la entrada principal. "Me daba intriga saber qué era. Ella nos explicó a mí y a mi hermano que el dueño, Antonio Resano, estuvo en Europa y se había enamorado de un castillo, entonces trajo en su cabeza la idea de replicarlo en este terreno", detalló.

Cuando tenía apenas 6 años, Graciela tuvo el privilegio de estar en el interior del antiguo edificio, más precisamente en lo que era la cocina y una cochera de carros. "Mi mamá le aplicaba inyecciones al dueño porque estaba enfermo y con mi hermano íbamos, éramos muy curiosos. Se me viene a la mente el mármol que había en el castillo, era hermoso", sostuvo.

Lo cierto es que Antonio, el dueño, se casó con Enriqueta Fea, una mujer mucho más joven que él, y tuvieron dos hijos. "La menor era amiga de mi hermano y nos invitaban a los cumpleaños", acotó la lomense. A los años, Resano falleció y no pudo dejar al castillo en las condiciones que él quería, es decir, completamente terminado y reluciente, y la mujer empezó con la división de bienes, incluso vendiendo legalmente porciones a otros vecinos. Es el día de hoy que existen departamentos que formaban parte de las instalaciones del castillo y que, para Graciela, eran destinados a la servidumbre.

Ya falleció Enriqueta y también sus hijos. Quién sabe dónde estarán los nietos y las nuevas generaciones.

"El hijo de la pareja se casó y se fue a Estados Unidos. Inmediatamente la madre también viajó y la administración quedó en manos de un hermano de Enriqueta, muy buena persona", explicó Graciela, que inmediatamente contó que, al parecer, su sobrino volvió al país y le quitó la administración para dársela a una inmobiliaria.

Pero la gestión de la inmobiliaria tampoco fue la ideal y "empezaron a haber inquilinos que usurpaban el lugar, hasta que ya no hubo más presencia de la familia". "Ya falleció Enriqueta y también sus hijos. Quién sabe dónde estarán los nietos y las nuevas generaciones", se preguntó Graciela, aún con el misterio a flor de piel, pero con los mejores recuerdos de su infancia guardados en la memoria. 

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