Masacre de San Patricio: el padre que pudo ser asesinado y se salvó

A 45 AÑOS Rodolfo Capalozza contó qué sucedió para que esquivara al destino y recordó a los tres sacerdotes y dos seminaristas fusilados.

Rodolfo pudo haber sido asesinado, pero esquivó al destino.

La Parroquia San Pablo de Turdera, ícono de los palotinos.

Un día como hoy, pero de 1976, sucedió un hecho aberrante que se recuerda hasta la actualidad: tres sacerdotes y dos seminaristas de la comunidad palotina fueron asesinados por un grupo perteneciente a la Dictadura Militar, en lo que se conoce como la Masacre de San Patricio, en una iglesia de Belgrano. A 45 años de la trágica jornada, los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti fueron recordados por el padre Rodolfo Capalozza, quien, debido a una casualidad del destino, se salvó de ser el sexto masacrado.

El padre Rodolfo Capalozza era postulante y parte de la comunidad de los palotinos en el momento que sucedió la masacre de sus cinco compañeros. "Esa noche yo había ido al cine con los dos seminaristas, Emilio Barletti y Salvador Barbeito, y cuando llegamos la película ya había empezado, por lo que decidimos quedarnos a la última función", empezó a rememorar Rodolfo, cronológicamente, cómo fue su noche/madrugada que le cambiaría la vida para siempre. "Como se hizo tarde, decidí no volver a Belgrano, que estaba en la otra punta de Capital, y me fui a la casa de mis padres. A Emilio y Salvador los estaban esperando y, junto a los tres sacerdotes, fueron asesinados", agregó, consciente de que él podía haber sido el sexto masacrado.

Esa noche yo había ido al cine. Como se hizo tarde, decidí no volver a Belgrano, que estaba en la otra punta de Capital, y me fui a la casa de mis padres. A Emilio y Salvador los estaban esperando y, junto a los tres sacerdotes, fueron asesinados.

Cerca de la una de la madrugada, en aquel 4 de julio de 1976, dos autos se estacionaron en la puerta de la Iglesia de San Patricio y, una hora después, bajaron de los coches e ingresaron a la parroquia a la fuerza, con sus armas. Ya en las primeras horas de la mañana, en el primer piso, se encontraron los cinco cuerpos de los religiosos, con algunos mensajes alusivos que dejaron los asesinos y una imagen de la caricatura Mafalda.

Cerca de la una de la madrugada, en aquel 4 de julio de 1976, dos autos se estacionaron en la puerta de la Iglesia de San Patricio y, una hora después, bajaron de los coches e ingresaron a la parroquia a la fuerza, con sus armas. Ya en las primeras horas de la mañana, en el primer piso, se encontraron los cinco cuerpos de los religiosos.

Este hecho está directamente relacionado con Turdera, una ciudad en donde se encuentra la comunidad palotina hace muchísimos años y de la que pertenecían los tres sacerdotes y dos seminaristas que fueron fusilados en aquella trágica jornada. "Yo me integré a la comunidad para seguir la voluntad de Dios, como un proceso de fe", explicó Rodolfo, que vivió en la localidad desde 1981 hasta 1998.

Los cinco palotinos asesinados son recordados en cada una de las comunidades: al ingresar a la Parroquia San Pablo de Turdera, por ejemplo, se puede observar la foto de cada uno de ellos, en un homenaje viviente a su memoria.

"Hasta el día de hoy, 45 años después, no se sabe quiénes fueron los asesinos. Eran un grupo ligado al poder militar, por las consignas y los testimonios que dejaron", dijo Capalozza.

Hasta el día de hoy, 45 años después, no se sabe quiénes fueron los asesinos. Eran un grupo ligado al poder militar, por las consignas y los testimonios que dejaron.

Cabe destacar que Alfredo Kelly, uno de los tres padres asesinados, se confesaba con el entonces padre Jorge Bergoglio, hoy el Papa Francisco. "Lo conocía muy bien, incluso como cardenal arzobispo de Buenos Aires presidió la misa por el aniversario número 25 y, ya como papa, mandó una carta muy significativa cuando se cumplieron los 40 años", sostuvo Rodolfo.

"Nunca se había registrado en Argentina que una comunidad de religiosos sea masacrada en conjunto. Fue un hecho que tuvo como objetivo silenciar los gritos de defensa de la vida, plasmados en el evangelio", concluyó el padre.

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