Reabrió la feria de La Salada, con protocolo y menos días de atención 

LLEGÓ LA HABILITACIÓN Volvió a funcionar el complejo de compras más grande de Lomas. Los puestos atenderán lunes, miércoles y viernes, de 7 a 14. Y los locales, un día más, los domingos.

La postal durante la mañana fue muy distinta a la habitual.

Por protocolo solo la mitad de los locales pudieron abrir hoy.

La gente tomó todas las medidas de prevención para cuidarse.

En la entrada de cada predio se armaron largas filas.

Uno de los accesos del paseo Punta Mogotes.

Después de 217 días volvió a abrir sus puertas La Salada, la feria más grande del país. El panorama de hoy fue bien distinto al que el complejo tiene acostumbrados a sus visitantes: por protocolo, la mitad de los locales permanecieron con sus persianas bajas, y sólo pudo ingresar un 30% de gente la habitual a las galerías para no exceder su capacidad.

Por el momento, el paseo de compras funcionará en los días habituales, pero en horarios reducidos. Los puestos estarán habilitados los lunes, miércoles y sábado, de 7 a 14. Y los locales tendrán un día más: los domingos. Atenderán de manera alternada, según su numeración (un día los pares y al siguiente los impares) para evitar aglomeraciones.

Los estrictos protocolos sanitarios fueron acordados a lo largo de intensas negociaciones que mantuvieron durante las últimas semanas los dueños de las ferias (Urkupiña, Punta Mogotes y Ocean) representantes de los comerciantes, funcionarios de la Municipalidad de Lomas de Zamora y del gobierno de la provincia de Buenos Aires.

"La idea es cuidar a la gente. La Salada es un lugar con una afluencia enorme de personas. Cada vez que abre miles de personas de distintos puntos no solo de Buenos Aires sino de todo el país se acercan a comprar ropa, zapatillas e insumos de venta mayorista para su reventa en locales o emprendimientos personales", explicaron de la provincia.

Las nuevas reglas se hicieron notar desde temprano incluso en sus alrededores. Sobre la Ribera, a 300 metros de la entrada, todas las combis de "tours de compras" que llegaron hasta la zona fueron detenidas y controladas por personal de seguridad. Se verificó que viaje la cantidad de personas permitidas, todas con barbijo y con elementos de higiene.

Los colectivos y los autos al ingresar al estacionamiento deben pasar por un arco sanitario y tener todos sus papeles en regla. En los accesos a cada una de las naves, se dispusieron rociadores que tiran desinfectante permanentemente, y personal de seguridad le controla la temperatura y le rocía las manos con alcohol a los visitantes.

Una de las particularidades que le dará una vida distinta a cada una de las "naves" es la disposición que se acordó para la circulación. En los pasillos de la feria solo se podrá circular en un sentido único, no se podrá retroceder, y para ello visiblemente se colocaron carteles indicando cuáles son los circuitos se pueden realizar para recorrer el lugar.

Durante la recorrida por la feria los visitantes se encontraron con tótems y dispensers de alcohol y pulverizadores para limpiar bolsas y carros. Por disposición, los comerciantes deberán contar con un kit de higiene personal y al momento de ingresar a su puesto, el día que trabajen, tendrán que completar una declaración jurada. Allí dejarán registrado cuál es su estado de salud y el de su familia.

Kevin, uno de los 700 carreros que trabaja en el lugar, se mostró sorprendido por todas las medidas de seguridad con las que se encontró luego de siete meses. "Está todo muy cuidado. Hay poca gente, mucho protocolo, barbijos, guantes, alcohol en gel, yo pensé que iba a ser un descontrol y nada que ver", le dijo a La Unión este miércoles.

Jorge Castillo, histórico referente de La Salada, comentó que "todo viene muy tranquilo, por ahora". "La gente está abriendo los locales, acomodando la mercadería, pero casi no hay público. No sé cómo vamos a trabajar. Nuestro público es del interior del país y los contingentes por ahora no podrán llegar", añadió con preocupación.

El "Rey de La Salada", como lo conocen, a fin del año pasado dejó el penal de Ezeiza, donde estuvo preso 30 meses por presunto lavado de dinero, evasión impositiva, asociación ilícita y violación de la Ley de marcas y, después de pagar una fianza de $500 mil, volvió a vivir en su mansión de Luján con una tobillera electrónica.

La Salada nació en 1991 en terrenos abandonados que habían sido acondicionados como balnearios a la vera del Riachuelo. Ciudadanos bolivianos devotos de la Virgen de Urkupiña se instalaron en la antigua laguna Salada para vender ropa: formaron Urkupiña S.A. que por su propia expansión terminó dividiéndose en cooperativa Ocean y Punta Mogotes S.A.

Su expansión fue galopante y su fama escaló incluso a nivel internacional. Hoy, La Salada es una ciudad dentro de una ciudad. Por eso, durante estos siete meses que pasaron sin actividad la postal de la zona fue de total desolación. Calles desiertas, galpones cerrados, los hierros de los puestos apilados por cualquier parte y silencio, sobre todo silencio.

Ahora su dinámica será otra. No habrá grandes aglomeraciones de gente, al menos mientras dure la pandemia, ese hormiguero de personas yendo y viniendo, arrastrando carros y bolsones, como se veía antes, no existirá. La Salada pasará a tener otro ritmo y mientras tanto sus comerciantes se tendrán que acostumbrar a una nueva normalidad.

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