Muchos de ustedes sabrán que soy un fanático de la música. Hace algunos años decidí cumplir un viejo sueño de mi vida y formé Lapeband, un grupo de rock con mis amigos. Ensayamos en Banfield, mi barrio, y ya tocamos en todas partes del país. También, por supuesto, tuvimos la suerte de hacerlo en Lomas de Zamora.

Nuestro Municipio ofrece una variada oferta de espectáculos musicales, pero seamos sinceros: por lo general, los que quieren ver a las grandes bandas, esas que convocan a decenas de miles de personas, deben ir a algún estadio de Capital Federal, de La Plata o del interior. Esto no siempre fue así. Algunos años atrás, ver a grupos grandes cerca de casa era mucho más común. Fue en el estadio de Los Andes, por ejemplo, que el mítico Sumo de Luca Prodan dio su último show ante 50 mil espectadores.

También hay una historia poco conocida que vale la pena recordar: a mediados de la década del 80, Soda Stereo dio un show bastante íntimo en la recordada disco Le Paradis de la avenida Meeks al 1000, el boliche más popular de la época en esta parte de zona sur. Pocos vecinos lo recuerdan. Es que en esa fecha –fue el 26 de octubre de 1985-, la banda recién empezaba a hacerse conocida.

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Recuerdan quienes estuvieron que aquella noche, el trío formado por Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio presentó su primer disco homónimo. Su repertorio incluía varios temas para bailar, lo cual les permitió entrar rápidamente en el circuito de bares y boliches de Buenos Aires y alrededores. Si lo vemos a la distancia, se trató de una verdadera revolución: hasta ese momento, el rock nacional había sido música para escuchar en teatros, auditorios o simplemente en una habitación. En los 80, grupos como Soda, Los Twist y Virus trajeron al país los sonidos más populares del exterior y cambiaron para siempre nuestro rock. La gente, además de escuchar, podía divertirse y bailar.

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Me encantaría decirles que fui uno de los pocos afortunados que aquella noche estuvo entre el público de Le Paradis. Podría haber pasado: ya era vecino de la zona y, como saben, siempre fui un amante del rock and roll. Pero no: fueron muy pocos los lomenses que pudieron escuchar a Soda en Temperley. Y de hecho, ninguno se imaginaba que aquellos tres jóvenes de peinados raros iban a conformar años la banda más importante de Latinoamérica y un pedazo enorme de la historia del rock.

Mucho menos que aquel cantante y guitarrista flaquito iba a ser llorado por un país entero. Hace unos días, el 15 de mayo, se cumplieron 10 años de la aquella fatídica noche en la que después de dar show en Caracas, Venezuela, Gustavo sufrió el ACV que lo dejó cuatro años y medio en coma, hasta su muerte, el 4 de septiembre de 2014. Gracias totales.