La Unión | Maestro ciruela

Un Día del Estudiante XL

Gajes del oficio.

 

El 21 de septiembre es una de las fechas marcadas en rojo en el almanaque por las “blancas palomitas”, porque no hay clases en esa jornada (enorme detalle) y también porque es el día del picnic, un clásico argentino imperecedero que sigue pasando de generación en generación.

En este 2018, además, el Día del Estudiante cae viernes, con el correspondiente finde largo apto para que los festejos se amplíen por un par de jornadas más, con todo lo que ello implica.

Más allá de lo ocurrido y vivido esa jornada, el regreso a clase suele ser duro para los alumnos en la jornada siguiente, ni hablar si esto ocurre después de tres días locos de fervor primaveral a todo vapor. Los efectos devastadores son notorios por un día, pero al ser tres, te la regalo.

La primera señal es el aspecto de tomate en los rostros con exposición al sol de horas. Otros, a pesar del aguante que se puede tener en la plena juventud, están desparramados en su silla después de haber jugado una maratón de partidos al fútbol y a otros deportes, en los que nadie quiere perder y los que se disputan a cara de perro.

Los más grandecitos, esos que ya están a punto de egresar, son los que siguieron de largo y continuaron con los festejos hasta altas horas de la noche.

Pero como la cosa seguirá en continuado durante el sábado y el domingo, los planes se multiplican por doquier y las propuestas son tentadoras para andar con un “no” como respuesta.

Entonces, luego de ese pic nic con los compañeros del colegio se puede venir otro con el grupo de amigos del barrio y hasta quizás otro más con los del club, que también pueden generar un bruto atracón de facturas y el riesgo de una sobredosis de sandwichitos de pan lactal, entre otros manjares consumidos a mansalva bajados con litros de gaseosas.

También se suma la movida nocturna, para los más grandes, claro, con fiestas a propósito de la llegada de la primavera y del Día del Estudiante, con algunos recitales incluidos por ahí, entre otras movidas. Están otros, como el bendito Fernández, que se quedó dormido el viernes, el sábado y el domingo (sí, los tres días) y se perdió los picnics con sus compañeros y amigos.

Estos tres días de jarana primaveral no son gratuitos para nadie, ni por más adolescente que seas, y el lunes en la escuela la cosa será cuesta arriba, mucho más de la cuenta.

 

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