El vecino de Lomas Leonardo Rotondo siguió los pasos de Eduardo, quien estuvo en la Guerra y tomó imágenes inéditas. “No tengo palabras para decirle que, gracias a él, hoy llevo adelante la vida que tengo”, dijo emocionado, deseándole una feliz jornada a la distancia.
Juntos y en familia. Leonardo a la izquierda y Eduardo, sentado.
Juntos y en familia. Leonardo a la izquierda y Eduardo, sentado.

Padre e hijo. Leonardo (46) y Eduardo Rotondo (67) comparten un lazo que va mucho más allá de lo familiar, también se desempeñan como camarógrafos, profesión que para ambos es un estilo de vida. En especial para Eduardo, quien fue corresponsal de guerra y logró tomar momentos inéditos de la Guerra de Malvinas: fue la única cámara argentina en presenciar el final del conflicto bélico, aquel 14 de junio de 1982. En el Día del Padre, Leonardo habló de la admiración hacia su papá, inmerso en una profunda emoción: “No tengo palabras para decirle que, gracias a él, hoy llevo adelante la vida que tengo”.

“Yo seguía a mi papá a todos lados y por eso me llevó a un recital de Los Pericos. Estaba ayudando al camarógrafo, sosteniendo el cable, y ése fue mi primer contacto con la televisión”, empezó a contar Leo. Luego de unos años y tras quedar libre del colegio por sarampión, consiguió empleo en una zapatería y Eduardo le consultó: “¿No vas a trabajar de lo mío?”. Así arrancó su experiencia, aprendiendo las características de la cámara sobre la marcha.

CENTROAMÉRICA Y MALVINAS. En sus primeros pasos, Eduardo, el papá, trabajaba como fotógrafo y se postuló a un trabajo tras ver un aviso que buscaba camarógrafos para el exterior. Así, en 1978, se fue a Centroamérica. “Al principio no conseguí ni una nota y, luego de tres meses, volví con un interesante material. Me pidieron que regresara y me fui con mi esposa, Leo y otro de mis hijos. Vivimos cuatro años allí”, contó Eduardo sobre aquella experiencia que, sin que él supiera, antecedería su viaje a Malvinas.

Cuando fue a Malvinas, llevó los famosos VHS para filmar lo que ocurría. Para el tercer viaje, la cadena para la que trabajaba le dio una casetera más moderna. “Tengo ocho horas de grabaciones y 640 fotografías, todo digitalizado”, admitió Eduardo, quien luego agregó: “El miedo siempre estuvo, pero hice lo que hice en las Islas porque era nuestra guerra”.

“Lo de Malvinas fue único, me dejó el recuerdo de los soldados, que me pedían fotos para que sus familiares supieran que se encontraban bien. También me quedó un contacto con los ingleses porque, cuando llegaron a Puerto Argentino ese 14 de junio, era el único argentino que estaba en el lugar, con una cámara al hombro”, contó quien vivió muchos años en Lomas y tras jubilarse se radicó en Mar del Tuyú. Diecinueve años después, la cadena BBC hizo un documental sobre la Guerra por las dos décadas y Eduardo fue invitado a volver a las islas, cuando todavía no se podía entrar.

Luego de haber sido corresponsal de guerra, Eduardo inició con su propia productora, que se llamaba John Lennon Producciones, con su fuerte en los recitales y en donde Leonardo descubrió su verdadera vocación, en compañía de su padre: “Mi papá siempre me retaba a mí, para que el resto supiera que yo no tenía ningún beneficio por ser su hijo”.

EMOCIÓN Y ADMIRACIÓN. “Llevo en la sangre la profesión. Esa adrenalina que mi papá cuenta es verdad. Cuando tenés el ojo en la cámara, te olvidás de todo, incluso de los peligros. Me pongo en sus zapatos, miro ahora las imágenes de la Guerra y me veo reflejado. No tengo palabras para decirle que, gracias a él, hoy llevo adelante la vida que tengo”, detalló Leo, al borde de las lágrimas. Devolviéndole las palabras y en forma de agradecimiento, Eduardo dijo que sus hijos negaron por mucho tiempo Malvinas, y que él logró entender eso, ya que cuando el conflicto bélico culminó, tardó en regresar y eso preocupó y angustió a su familia.

En estos tiempos de cuarentena, donde el trabajo de Leonardo se encuentra estancado, creó un Instagram donde salieron a la luz todas las imágenes de su padre que no se habían visto anteriormente, el material del 13 al 15 de junio de 1982 es inédito: fue la única cámara en las Islas en ese momento.

Pese a ya estar retirado de la profesión y vivir en Mar del Tuyú, Eduardo participa esporádicamente en el Canal 2 de Santa Teresita, donde trabaja como editor, siendo su otro hijo, Sebastián, el director. Porque las ganas y la pasión por el trabajo no se terminan nunca, al igual que el amor de un padre a un hijo.