“Pasty” Lauría, vecino de Banfield, es el fundador de Sur Solidario y se desempeña como coaching ontológico. Cuenta cómo cambió su vida a través de una mayor vocación de servicio y cómo redescubrirse para “ser la mejor versión de uno mismo”.
Sur Solidario brinda contención y alimento a más de 800 chicos de distintos barrios de Lomas.
Sur Solidario brinda contención y alimento a más de 800 chicos de distintos barrios de Lomas.

¿Qué sensación más linda puede haber que encontrar el motivo por el que uno está aquí y ahora? De eso se trata, de vivir el presente, de ser consciente de dónde se está parado. Esto comprendió “Pasty” Lauría, vecino de Banfield, cuando el país todavía pegaba manotazos de ahogado para dejar atrás la crisis del 2001.

En su deseo de “salir de la queja” halló el punto de partida para un cambio en su vida. Pasó del desinterés al compromiso absoluto y hoy es la cara de la Fundación “Sur Solidario” que le da contención y alimento a más de 800 chicos de distintos barrios de Lomas.

La luz en relación a este costado solidario había empezado a surgir en la Fundación Pupi, donde llegó invitado por el propio ex jugador, con quien aún mantiene relación. “Estuve cinco años ahí y aprendí muchísimo sobre el valor de la solidaridad, del compromiso, la vocación de servicio. En 2008 hice un curso de coaching y ahí di cuenta de que quería hacer algo más y me lancé a fundar Sur Solidario. Invité a mi Sabri y Juli, mi prima y mi pareja, y arrancamos”, contó.

“Al principio recibíamos donaciones, ropa, mercadería e íbamos con el auto de acá para allá hasta que decidimos darle un marco legal a todo en 2009. Empezamos con una sede y en menos de un año ya teníamos cuatro”, agregó.

‘Puente Verde’ en el Barrio el Progreso, ‘Los ángeles nos miran’ en Independencia, ‘El amparo de los niños’ en Benquez y ‘Las Tejedoras’ en Albertina, son los cuatro espacios que gestiona Sur Solidario desde hace más de una década en Lomas. Claro que nada de esto es posible en soledad: decenas de voluntarios estrechan su mano y colaboran cada día para que estos espacios sigan funcionando.

Norma Pelozo, Nancy Fernández, Mirta Gómez y Stella Fernández, son el alma mater de cada una de estos comedores o, como las conoce Pasty, “las ídolas”. “De los cuatro comedores, tres funcionan en casas de familia y son de gente que, pese a sus carencias, querían tener un comedor en su hogar y ayudar al otro. Ese amor es contagioso y te genera una emoción que te recorre el cuerpo. El que es dador, el solidario, lo puede hacer en cualquier ámbito y no le importan los impedimentos. Y, en este caso, se da una sinergia hermosa porque nuestro compromiso es que no les falte nada, que pongan el foco en los chicos y nosotros nos encargamos de abastecerlos y darles herramientas para que puedan hacer su labor”, detalló.

“mi propósito es que la mayor cantidad de personas se descubran asimismo”.
“mi propósito es que la mayor cantidad de personas se descubran asimismo”.

EL COACHING ONTOLÓGICO. Conocerse como un ser solidario hizo que Pasty también sintiera inquietudes por otras cuestiones de su personalidad y por eso inició un camino como coaching ontológico, un método que ayuda a redescubrir y reenfocar a las personas. “Yo encontré mi camino en la solidaridad y en pensar en el otro, y mi propósito es que la mayor cantidad de personas se descubran asimismo. Yo trabaja, estudiaba, salía y no hacía más nada. Ser solidario me hizo dar cuenta de que podía dar más. Fundé Sur Solidario, inicié emprendimientos personales y entendí que si decodificas el miedo, rompes con todo lo que te frena en tu mente. Esa parálisis la crea uno mismo, no es algo que esté pasando, por eso está bueno redescubrirse. Después no te frena nada”, comentó. “Y no soy perfecto: me mandé mil cagadas hasta que definí que era lo que quería y soy de pensar que el pasado no me condena. Me condena lo que haga hoy, entonces siempre estás a tiempo de arrancar de nuevo”, agregó.

En este tiempo como ‘entrenador de vivenciales’, estudió y se preparó para “tocar la fibra más íntima de cada persona y hacerle ver el cambio del que es capaz si logra salir del lugar en que todos nos encontramos enfrascados”.  “Un ‘entrenador’ te acompaña a encontrar tu mejor versión y a crear la vida que mereces. Está al alcance de cualquiera y es muy útil para romper con lo preestablecido. Desde chico te enseñan matemáticas, historia, geografía pero no te entrenan para encontrar tu poder, pedir perdón, conocerte, indagar, convivir con errores y fracasos”, expresó.

El Taladro, la gran pasión de la familia Lauría.
El Taladro, la gran pasión de la familia Lauría.

BANFIELD, LA GRAN PASIÓN. Otro aspecto que pinta de cuerpo entero a Pasty es su pasión por Banfield. En los últimos 30 años recorrió Argentina y América siguiendo los colores del Taladro y se hizo famoso por la bandera “Pasty te ama”, la cual ‘retiró’ después del título en 2009. “Banfield es mi lugar en el mundo, mi identidad. Con ‘Mistica Banfield’ (conformado por un grupo de fanáticos del Taladro) pintamos más de 300 murales en la ciudad. Este es un club y un barrio que se llevan en la sangre: se lo explicas a un extranjero y no lo entiende. Quieren venir a ver qué es lo que genera tanta pasión porque acá no hay montañas, ni mar, ni nada. Es el barrio, su gente”, dice.

Hoy, sin visitantes desde hace algunos años, esa tradición de ‘ir a todos lados’ quedó de lado y es lo que más lamenta un fanático como Pasty. “Nos adormecieron la pasión. No hay nada más lindo que ir de visitante y toda esa cultura del domingo salir temprano para una cancha. Cada vez que veo el partido con Boca que salimos campeones en La Bombonera y pienso en que no podemos ir nunca más, no lo puedo entender. ¿Cómo podemos estar así de divididos cuando los corazones laten todos igual? Son solo diferentes pasiones. Es insólito”, lamentó.