Seguramente sabrán, queridos amigos de La Unión, lo fanático que soy de la música. El rock & roll en general me atrapó desde muy chico y Elvis Presley, en particular, pronto se transformó en mi gran ídolo. Tanto me gusta la música del Rey que a mi único hijo varón le terminé poniendo su nombre: se llama Franco Elvis. ¡En serio!

Hace ya un par de años, después de muchas idas y vueltas, por fin pude cumplir uno de los grandes sueños de mi vida y formé una banda de rock con mis amigos. El grupo se llama Lapeband y ya tocamos en varias ciudades del país. Los ensayos (suelen ser en Banfield, mi barrio), los shows y las grabaciones son algunos de mis cables a tierra, los que me ayudan a desconectarme del ritmo frenético del trabajo y la locura del día a día en Capital.

De vez en cuando, además, me gusta pasar música. Aunque el resto no lo crea, en privado soy un gran disc jockey. Pero como ustedes saben, esta columna no se trata sobre mí, sino sobre las personas que dejaron una huella en nuestras ciudades. Hoy le toca a un pionero: Benedicto Sapienza, el primer DJ de Lomas de Zamora.

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Sapienza fue el primer vecino al que se le ocurrió animar un “baile con discos”, como se le decía en aquella época. No fue un invento propio: en realidad, adquirió experiencia pasando música en clubes sociales de Capital Federal, vio la posibilidad de hacer plata con la actividad y trajo la idea a la zona.

Así, a mediados del siglo pasado, en el Club Cultural de la calle Monseñor Piaggio al 500, Sapienza llegó a pasar música con discos en Lomas por primera vez. A Benedicto se le ocurrió la idea de que, pasada la medianoche, los jóvenes presentes en los salones invitaran a sus hermanas y amigas del barrio para que fueran a bailar y probaran esta nueva modalidad. Al principio le costó: las chicas se mostraban algo reacias a bailar con el sonido saliendo de amplificadores y pedían por la presentación de una orquesta en vivo, como se hacía antes.

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Su idea, igual, terminó prosperando y de a poco las reuniones comenzaron a cobrar popularidad. Al tiempo de abrir su primer “boliche”, Sapienza tuvo que empezar a hacer presentaciones en todo el distrito: después de Piaggio llegó el Club Olimpia, luego el Sportsman de Villa Galicia y después bailes por todo el municipio.

En la primera época, el DJ tenía que esconder los parlantes para no espantar a las chicas. Pero de a poco se fueron poniendo de moda y terminaron siendo esenciales para una buena fiesta. Cada vez más grandes y más potentes, los amplificadores terminaron provocando la desaparición de las orquestas, que quedaron reservadas exclusivamente para los festivales de tango. Lo que se dice, un verdadero revolucionario.

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