Su viuda, Olga Garaventa, recuerda a su esposo, a 9 años de su muerte, desde el Locutorio de la vieja casona, donde recibía a la prensa y a sus nenas.
OLGA SIGUE ADMIRANDO A SU VIEJO AMOR. “ERA UN HOMBRE DE MUnDO, DE VIDA AMPLIA”, DESTACA.
OLGA SIGUE ADMIRANDO A SU VIEJO AMOR. “ERA UN HOMBRE DE MUnDO, DE VIDA AMPLIA”, DESTACA.

“Sandro estaba encantado con Banfield. Lo consideraba una aldea, con casas hermosas, árboles y adoquines. Estaba maravillado con el barrio”, cuenta la viuda, Olga Garaventa, desde el Locutorio, el espacio de su casona de ese barrio, donde El Gitano recibía a la prensa y a muchas de sus “nenas”.

Sandro falleció hace 9 años. Y su recuerdo sigue presente en ese pasillo custodiado por la Virgen de la Medalla Milagrosa. “Él era muy devoto de esta virgen, tenía algo especial con ella. Le atraía la humildad que tenía, su manto celeste y blanco. Tenía con ella una comunión muy especial”, recuerda Olga, y aún describe con admiración a su pareja, quien dormía hasta tarde y tomaba en la vieja casona su tecito de la tarde con galletitas y mermelada cada día a las 15.

“Era un hombre de mundo, de vida amplia. Tenía mucha calle, mucha ruta, mucho adoquín. Al lado de él una se daba cuenta de que no sabía nada, de que tenía total ingenuidad. Contaba de sus viajes, de su vida artística y personal, y yo me iba enganchando con esas historias y aprendía mucho”, destaca Olga, quien se preocupaba por cocinar los menúes favoritos del músico.

“Le gustaba la onda oriental así que me dediqué a prepararle lo que le hacía feliz. ¿Sus preferidos? El pollo con paprika o las costillas al Strogonoff. Siempre con un buen vino”, revela sobre el Gitano, quien -asegura- disfrutaba de las pequeñas cosas y vivía la inspiración de forma muy natural. “Le nacían sus creaciones en un momento instantáneo. No decía: ‘Estoy inspirado, voy a hacer algo con esto’. Simplemente lo manifestaba.

A nueve años de su muerte, Olga lo recuerda siempre de buen humor, como una persona que “le ponía color a la vida”, aunque despotricando por las “cosas que pasaban”.

“Imaginate si hace casi una década miraba la tele y se sorprendía, qué diría hoy. Se moriría. Le dolía mucho la pérdida de valores y principios. Y hoy estaría más afectado, creo yo”, analiza la vecina, quien recuerda sus últimos días: “No sé dio cuenta de que se estaba muriendo sino hasta uno o dos días antes. Le dio mucha lucha a la vida. Se arrepintió públicamente de haber fumado. Yo traté siempre de no tocar este tema, para no herirlo. Por eso siempre les digo a los jóvenes que no fumen, que la vida es linda con sus sinsabores y sus alegrías”.