“Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas, y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. Me salvó de que fuera quizás un delincuente”, dijo Sandro sobre su vínculo con el rock, el primer amor artístico de su vida, al que nunca abandonó del todo.

Como tantos otros chicos de su generación, el mundo le hizo “plop” cuando vio a Elvis Presley a fines de los ‘50. Y emular a ese, por entonces, escandaloso movimiento de pelvis era una gran tentación. También era una ruptura con la generación anterior, que no entendía demasiado sobre ese furor.

La leyenda da cuenta de que un pequeño Roberto Sánchez tenía que hacer lo que hoy se llama playback sobre un disco de Elvis, en un acto escolar en la Escuela N°3 República de Brasil, en Valentín Alsina. Por motivos desconocidos el disco dejó de sonar y el futuro ídolo de varias generaciones completó lo que restaba a capela, para ganarse las palmas de los presentes.

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Quizá haya sido ésa la primera actuación en vivo de Roberto. Dejó los estudios al terminar la primaria y comenzó a ganarse la vida con oficios, hasta que llegó a sus manos la primera guitarra, adquirida en cuotas.

Ya a fines de los ’50, comenzó a tener sus primeros grupos y sus iniciáticas aventuras como solista, ya con el nombre artístico de Sandro, el que su madre le había elegido, un deseo impedido por el Registro Civil donde inscribió el nacimiento de su hijo.

En 1961, irrumpió con Los de Fuego, donde comenzó como guitarrista líder y después se transformó en cantante. Con este grupo, grabó temas propios y éxitos del rock anglosajón traducidos al castellano. Por entonces, el rock argentino no se llamaba de esa forma y faltaban varios años para que Los Gatos editaran “La Balsa” y la historia de este movimiento iniciara su relato formalmente.

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Un día, Sandro abandonó a Los de Fuego y de a poco las baladas fueron ganando la partida, pero nunca se alejó de este primer amor y siempre incluyó algunos rocks en sus shows, al margen de no perder esa estética rockera aunque estuviera vestido de etiqueta. Su amor por el género lo llevó a grabar con Pedro Aznar, Charly García y León Giego, y hasta invitar a Riff a su ciclo televisivo “Querido Sandro”. También le dio su bendición al disco tributo que grabaron Divididos, Attaque 77, Virus o Los Caballeros de la Quema.

El tiempo es veloz y se escurre demasiado rápido desde aquel 4 de enero de 2010, hace 9 años, cuando Sandro fallecía a los 64 años en Mendoza y se apagaba la primera estrella de rock que tuvo Argentina.