Amigos y conocidos lomenses que fueron parte de la vida del Gitano lo recordaron en lo que sería su cumpleaños número 74. “Era simple y una excelente persona”, afirmaron unánimemente.

Se cumple este lunes un nuevo aniversario del natalicio de uno de los cantantes más célebres de Argentina y que vivió muchos años en Lomas, más precisamente en su querido Banfield: Sandro de América. Sus “nenas” y también sus vecinos lo recuerdan de una manera muy especial, cuando cumpliría 74 años.

Así sucede, por ejemplo, en la sucursal de Lomas de la confitería Las Vegas (Avenida Colombres 617), atendida por la nieta de los emblemáticos dueños del local principal, ubicado en Domingo French 181, Banfield, próximo al domicilio de Sandro.

Constanza Sabra, de “las vegas”, cuenta qué postre elegía Sandro.

Constanza “Coni” Sabra aseguró que el postre Las Vegas era el preferido del cantante, que siempre lo compraba, y que se compone por crema, dulce de leche, merengues, azúcar impalpable, coco rallado, pionono, duraznos, castañas e higos. “En mi opinión, también es el más rico. Es muy similar al postre Balcarce”, detalló.

Coni explicó además que su abuela Elena Vitore y el Gitano mantuvieron una muy buena relación de amistad que traspasó lo meramente comercial. “Entré a su casa muchas veces, me gustaba ir a molestarlo, me llamaba todo la atención porque era muy curiosa”, indicó la joven acerca de los recuerdos de su niñez. Además, afirmó que el cantante era simpático, muy buen mozo, una gran persona y humilde.

Por su parte, Juan Bruno fue el último peluquero por el que pasó la cabellera de Roberto Sánchez: “Las patillas nunca se las toqué, se las mantenía solo. Incluso varias veces me dijo que, por su trabajo, se las arreglaba para maquillarse y peinarse él mismo. En los shows pasaba todo por sus manos, me saco el sombrero porque era una muy buen persona”. El peluquero aseguró sin titubeos que el pelo del Gitano era excelente, de primera.

Jorge Bruno se encargó del peinado del gitano por 5 o 6 años.

En su peluquería habló sobre los comienzos de la relación entre ambos. “Antes le cortaba el pelo la hermana de la exmujer. El tema era entrar a la casa porque no iba cualquiera y yo llegué gracias a un amigo en común, que es dueño de una casa de decoración”, recordó Bruno y agregó: “Las primeras veces iba acompañado de él, después me pidió el teléfono y comencé a ir de forma particular”.

Juan Bruno indicó que se encargó del peinado del cantante por 5 o 6 años. Rápidamente agregó: “Me llamaba, atendía y me decía: ‘Soy Roberto’. Y yo no reaccionaba, hasta que me aclaraba que era Sandro y me paralizaba porque era emocionante.

Ya cambiando al rubro de la decoración, el hogar de Roberto Sánchez estaba a cargo de su homónimo, Roberto. “Nosotros ejecutamos todos los trabajos de la casa de Sandro pero con el gusto del dueño. Él dibujaba muy bien, preparaba los proyectos y nosotros los llevábamos adelante”, comenzó contando el hombre, que posee el local en Hipólito Yrigoyen 9141, y en donde aseguró que su amistad se forjó antes de que se convirtiera en el Sandro que todos conocieron.

“Había un lugar en la casa al que él le decía ‘El Club’, donde tenía muchas botellas, butacas y un piano de cola que usaba de mostrador. No era fanfarrón, todas sus cosas y premios los guardaba en una habitación que era muy secreta y a la que pocas personas pudieron entrar”, explicó Roberto, y reveló que Sandro era totalmente católico y rezaba todos los días.

El decorador de Sandro revela detalles de la intimidad del músico.

“No existen los decoradores, solamente ejecutamos lo que el cliente quiere. Por ejemplo Roberto ideó el cabezal de su cama matrimonial, que poseía una forma de baldaquino”, relató el hombre.

Por otra parte, aseguró que su amigo dejaba el personaje de Sandro de la puerta de su casa para afuera y que, dentro de ella, era una persona normal: simplemente Roberto Sánchez.

ANÉCDOTAS QUE QUEDARÁN EN EL RECUERDO. “Sandro siempre confió en nuestro trabajo, realizaba todos los servicios con la confitería, como la torta para su casamiento con Olga. Le gustaba toda la mercadería del lugar, me acuerdo de que le llevábamos sánguches de miga a su casa”, manifestó Constanza, de la confitería La Vegas.

Incluso aseguró que en algunas oportunidades se acercaba a la confitería con María Marta Serra Lima a comprar unos bombones de menta, de los cuales era fanático.

Juan, el peluquero, compartió varias vivencias en la casa del Gitano: “Una vez sonó el timbre y apareció con unos pastelitos de membrillo. Me dijo si quería uno y le respondí que estaba loco, que no iba a comer algo que no sabía de dónde venía. Se tentó de la risa y me respondió que se los había regalado una fan y que hacía más de 40 años que se los llevaba”.

A su vez, contó que en una oportunidad recibió una carta escrita por el diariero del barrio, dirigida a Sandro, y se tomó el atrevimiento de leerla para saber qué decía.

“El contenido era conmovedor porque el hombre le quería donar un pulmón. Se la di a Roberto y le conté que la había leído. Entonces me dijo que la próxima vez que alguien le quiera dar una carta que fuera personalmente a dejarla en el buzón de su casa, que leía todo lo que le dejaban”, confía.

Al poco tiempo y en agradecimiento, Sandro le firmó al diariero un autógrafo: “En la foto se encontraba con un cigarrillo en la mano, pero él lo había tachado”.

“Roberto estaba internado y mandó a hacer unos cortinados preciosos. Cuando volvió y se enteró de que alguien los había visto antes que él, mandó a sacar todo y poner cortinas nuevas”, rememoró su amigo decorador. Inmediatamente y para finalizar, contó que en una oportunidad Sandro lo invitó especialmente a comer caviar traído de España y a brindar con un champagne muy costoso. “La vida es una sola”, le dijo esa noche Sandro de América.