En Bélgica hay mucho más que chocolates, cerveza y edificios góticos. El pequeño país del norte europeo pasó de ser el campo de batalla del continente (desde la caída de Napoleón en Waterloo hasta los sangrientos enfrentamientos en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría) a convertirse en una de las pistas de baile más influyentes del mundo.

El premiado documental The Sound of Belgium (TSOB) realiza un recorrido musical desde los años 20 (una época en que las canciones sonaban en órganos de madera con rollos de cartón) y el soul que surgió a finales de los 50 hasta los Disc Jockeys que pinchaban sonidos desconocidos para deslumbrar al público en las fiestas. “Los belgas trabajan duro y festejan más duro”, afirma el locutor del film en alusión a un pueblo que, golpeado por los momentos de crisis, buscaba un poco de liberación yendo a bailar hasta el amanecer y agotando todo el alcohol disponible.

The Sound of Belgium (TSOB).
The Sound of Belgium (TSOB).

Con el correr de los años comenzaron a proliferar los clubes y bares escondidos en rutas que abrían en cualquier momento del día y se transformaron en verdaderos templos colmados por devotos. Todo esto estuvo acompañado por un incesante trabajo de los productores que buceaban entre vinilos que se regalaban por centavos y conseguían nuevos equipos para crear una música revolucionaria al ritmo de los sintetizadores como el newbeat, house, disco y una variante del techno que influenció a las famosas raves inglesas. Agrupaciones como Front 242, Praga Khan y Lords of Acid lideraron la evolución musical underground que rompió los esquemas en el viejo continente.

Mientras las radios se negaban a pasar esos sonidos robóticos e intensos, los boliches legendarios como Boccaccio o Extreme se llenaban de jóvenes locales que se mezclaban con los franceses, alemanes y holandeses que llegaban desde sus tierras con la ansiedad de sumergirse en el movimiento que se estaba gestando en el antes ignorado país de la región. Es así como Bélgica lideró la innovación musical durante varias décadas y se ganó el respeto de propios y extraños.