A esta altura del partido, con el calendario escolar bastante avanzado, y ya con el sol amagando a pegar de lo lindo, en las salas de profesores de todo el enorme territorio patrio hay un solo tema de conversación: ¡las vacaciones!

Y sí, el año es duro y por amor que se tenga a este noble y edificante oficio, ya dan ganas de armar las valijas y emprender un viaje a donde se quiera, o mejor dicho a dónde se pueda.

No dejemos de reconocer que el tarifazo y otros embates económicos también le dieron duro al presupuesto vacacional del bolsillo docente, por lo que es momento de pensar en destinos posibles e ir tachando los soñados.

Al margen de la vacas flacas, las vacaciones monopolizan las conversaciones y se ya empiezan a escuchar en los recreos, cafecito de por medio, el destino elegido por cada uno y también algunos planes más austeros.

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Los Planes B, como ser un buen piletazo en club del barrio para intentar menguar los efectos abrasadores de Febo durante enero o febrero, o tener la suerte de que algún amigo tenga una al menos una Pelopincho y nos invite de vez en cuando a una zambullida, suenan tentadores.

Algunos son defensores a ultranza de la Costa Atlántica y no hay quien los haga cambiar de planes. Lo suyo son las olas y el viento. Incluso, para aquellos a los que les gusta el Microcentro con playa, o sea Mar del Plata en la primera de enero atiborrada de gente.

La profe de Química se planta y asegura que nada es mejor que las sierras cordobesas y que no hay nada mejor en el mundo que recluirse en Nono para bajar a 0 el nivel de estrés acumulado durante todo el año, con unos mates con peperina incluidos.

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Otros se burlan de ese destino hippón que eligió la bucólica colega y redoblan la apuesta asegurando que el plan perfecto es cruzar el charco para disfrutar de Uruguay, mientras ya saben cuántos chivitos ingerirán en los bares lindantes a las playas orientales.

Una joven docente de Lengua ofrece a viva voz una casita familiar en Santa Teresita y compartir los gastos entre todos. Sin hacer muchas cuentas y en un abrir y cerrar de ojos, sumó a varios socios, hasta alguno con un auto decente y con la VTV al día para trasportar a veraneantes, con cañas sobrillas y cañas de pescar.

La sala de profesores se transforma en estos recreos de fin de año en esos programas deportivos donde todos hablan a la vez defiendo su postura con uñas y dientes, creyendo que su destino vacacional es el mejor para todos.

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Ya nadie pregunta por cómo está familia del otro y por la nueva serie de Netflix, tampoco se discute de política ni de fútbol. Ya entrando noviembre las conversación es monotemática: las vacaciones y a otra cosa.