¿Hay algo más lindo en este mundo que las vacaciones?, si bien todo va en gustos, es posible que la mayoría de los mortales las pongan por encima de sus preferencias.

Los docentes también, ¿o te pensás nosotros no estamos esperando las vacaciones?

Mientras se van tachando los días en el almanaque esperando el receso invernal que arranca en breve, ya empezamos a saborear estas dos semanitas sin ir a laburar.

Ojo que la vocación docente no se negocia, pero las vacaciones son merecidas y también merecen ser disfrutadas, incluso para recargar las pilas y volver todos más renovados.

A pesar de la malaria, es posible que algunos colegas hayan ahorrado y se puedan dar el justiciero gusto de irse unos días a algún destino turístico.

Algunos afortunados incluso puedan ir a disfrutar de la nieve cordillerana, otros por el clima más ameno del Litoral argentino y hasta está quien se anima a la Costa, a pesar de la lógica imposibilidad de darse un chapuzón en las aguas del Atlántico.

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La escapada de un día, o de varios, a un lugar cercano, no está nada mal tampoco, todo sea por lograr el bendito cambio de aires. Incluso vale colarse en casa de algún familiar que viva en un lugar piola.

También existen los planes gasoleros en las calles de la región, con el cine como plan. También hay docentes madres y padres y abuelas y abuelos y otros parentescos, muchos de ellos incluso, que aprovechan para compartir estas dos semanas con sus respectivas proles.

Tampoco está nada mal quedarse panza arriba en la catrera, en pleno estado de vagancia. Nada mejor entonces que cazar el control retomo y darle duro y parejo al catálogo de Netflix, mirarse una y otro temporada de tus series favoritas, esas que durante el resto del año no podés ver ni ahí por falta de tiempo.

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Este plan también se completa con la ingesta desmesurada de alimentos llenos de calorías, que acompañan el sedentarismo frente a la pantalla.

Ah, y sí andamos por ahí, y tenemos una de esas charlas casuales de vacaciones, no faltará la pregunta ajena sobre a que nos dedicamos.

No hay nada que ocultar, digamos que somos docentes y banquémonos el tendal de preguntas plagadas de lugares comunes que hacen los que se dedican a otra cosa.

En par de días arrancan las vacaciones de invierno, ansiadas y merecidas por igual, pero ojo que se nos van como arena entre las manos y dos semanas pasan mucho más rápido de lo que creemos.