Antes de que alguien pueda verla, “Roma” quedó en el centro del debate por ir derechito al catálogo de Netflix gambeteando el estreno comercial en los cines y pudiéndose ver en escasas y selectas salas en cada país de mundo, como el Malba en Argentina.

La película acaba de ganar el Globo de Oro a mejor director para el mexicano Alfonso Cuarón y a la mejor película en idioma extranjero. Estos lauros la ponen como la gran candidata al Oscar, lo que significaría la primera estatuilla para la popular plataforma de contenidos audiovisuales.

De lograr su codiciado Oscar, Netflix será aún más tentadora para los estrenos cinematográficos, en su contienda con la cartelera de los cines.

Al margen  de la distribución, de las polémicas y los premios recibidos y los que vendrán, “Roma” es una verdadera obra de arte del realizador mexicano.

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La película, rodada en riguroso blanco y negro, es una versión semibiográfica de la crianza de Cuarón en la colonia Roma de la Ciudad de México y de la importancia que tuvo para él la empleada de servicio, que fue casi una segunda madre en su niñez.

El film es en muchos momentos una biografía íntima del director, no sólo por los personajes, sino por el contexto en que éstos se desarrollan.

Si bien siempre hay algo de ficción en el arte, en esta ocasión el director contó que el personaje de Cleo está inspirado en la niñera de los hermanos Cuarón y Liboria Rodríguez, a quien Alfonso le decía “Libo”.

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Cleo es la niñera de una numerosa prole y se va convirtiendo en un pilar de una familia que camina por la cornisa de la disfuncionalidad, en especial cuando el padre de los ruidosos niños abandona el hogar con la excusa de un viaje al extranjero.

Cleodegaria Gutiérrez, su verdadero nombre, habla también en mixteco con sus compañeras de labores, presta servicio en una familia de clase media situada en Ciudad de México durante el gobierno de Luis Echeverría, en tiempos de conflictos sociales y que tiene que sobrellevar la realidad que se oculta detrás de las trabajadoras del hogar: las cotideanidades y la indeleble desigualdad en América latina.

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Perfectamente ambientado y con tomas y escenas preciosistas, el relato está ubicado en el México de los ‘70, posterior a la masacre de Tlatelolco y con arraigada presencia estudiantil en los movimientos sociales, a la par de los movimientos paramilitares, como el de “Los Halcones”.

Cleo también sufre sus propias circunstancias y sus penurias, mientras no puede bajar la guardia en su trabajo diario y hasta termina de ponerse el traje de heroína sobre el final de la película, lo que genera una empatía automática con su personaje.

“Roma” acaricia el Oscar, pero al margen de la estatuilla que ansía Netflix, es una joya de Alfonso Cuarón que merece quedar al margen de las polémicas por su distribución.