¡Felicidades, amigos! Antes de empezar, quiero agradecerles por acompañarme, desde hace años, todas las semanas en La Unión. Les deseo lo mejor para este 2020.

La primera columna del año va dedicada a la fiesta más antigua y tradicional de Lomas de Zamora, esa que por estas horas celebra su edición número 89 en las calles de nuestra ciudad: la del desfile de los Reyes Magos. Como cada vez que empieza el año, Melchor, Gaspar y Baltasar alegran a miles de chicos en una verdadera fiesta popular que atrae incluso a vecinos de otras localidades.

Organizado como siempre por el Círculo Católico de Obreros -también colabora el Municipio-, el desfile comienza en Laprida y Meeks, sigue por Boedo y finaliza en la sede la entidad, en Hipólito Yrigoyen al 8400. Antes, por supuesto, los tres reyes recorren las calles céntricas, reciben cientos de cartas de los vecinos más chiquitos. A la medianoche los tres magos de Oriente, como siempre, se tienen que ir. Los camellos tienen hambre y sed. Y los juguetes no se entregan solos...

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Pero, ¿cómo nació la fiesta? Fueron las autoridades del Círculo quienes en diciembre de 1928 organizaron la entrega de juguetes para chicos carenciados en el día de Reyes. La iniciativa se concretó el 6 de enero de 1929, y así se dio el primer paso para llevar a cabo un proyecto que con el paso de los años fue creciendo cada vez más.

Un año después, en 1930, el Círculo resolvió organizar el reparto de juguetes y un gran desfile con actores en la noche del 5 de enero. Varias empresas cedieron sus carrozas para el paseo por las calles Laprida y Rodríguez mientras los juguetes eran distribuidos en camiones. El éxito de aquella juntada superó todas las expectativas de los organizadores y por eso se decidió repetir el festejo año tras año ininterrumpidamente… hasta hoy.

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El desfile de Reyes de Lomas es, sin dudas, una tradición de la ciudad. Cualquiera que haya crecido en nuestras calles tiene que recordar, al menos, haberlo visto. Yo lo también: pienso con mucha nostalgia y cariño aquellos días cuando mis padres me llevaban de pibe a ver a Melchor, Gaspar y Baltasar en la plaza de Lomas, antes de volver a casa y dejarles el agua y el pasto a los camellos.

Cada inolvidable noche de Reyes sentía una mezcla de emoción, ansiedad, asombro y alegría por ver a los hombres que venían a alegrarnos desde Oriente. Son recuerdos tan lindos los que me evoca la celebración que con el tiempo decidí repetir el ritual con mis hijos Micaela y Elvis disfrutando también el rol de padre. Ahora ya están grandes…