Corría 1993 cuando Sandro grabó con Olga Guillot una sentida versión de “Arráncame la vida”, de Chico Novarro, para la novela venezolana “El destino”.

El tema fue un éxito a partir de las voces de estos grandes artistas que además fueron amigos y se profesaron una mutua admiración.

Esta notable artista cubana, considerada justicieramente como “La Reina del Bolero”, falleció el 12 de julio de 2010, hace exactamente una década, a causa de un infarto en Miami, donde estaba radicada.

Mientras Celia Cruz se hizo popular en todo el mundo con la salsa, su coterránea hizo lo propio con el bolero, siendo las dos cantantes cubanas de mayor fama internacional.

Olga había nacido el 9 de octubre de 1922 en Santiago de Cuba, el de inmigrantes catalanes que arribaron a la isla. Luego se trasladó a La Habana y a los 14 años comenzó su carrera con su hermana mayor Ana Luisa bajo el nombre de “Las Hermanitas Guillot”.

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En 1938 inició su preparación musical con maestros como la soprano Hortensia Cohalla y el cantante Mariano Meléndez, gracias a los cuales llegó a integrar el cuarteto Siboney, dirigido por la compositora Isolina Carrillo.

Comenzó cantando tangos, influenciada y atraída por las voces Libertad Lamarque y Mercedes Simone, en otro vinculo artístico con la Argentina. Luego centró su carrera en el bolero y para los ’40 era una estrella en su país, llegando a vender más de un millón de discos.

Luego de la Revolución Cubana, deó su país para instalarse en Venezuela. Luego vivió en México y Miami, donde permaneció hasta su muerte.

Su voz llegó rápidamente a toda América latina y al mundo hispanoparlante. Luego fue un furor en los Estados Unidos y Europa.

A lo largo de su carrera, Olga Guillot cantó con Sarah Vaughan, Nat King Cole y Edith Piaf, ensayó sus canciones en español con ella.

Su forma de interpretar, sensual, dramática, potente, todo en una mezcla emocionante, le permitió pasar a la historia de las grandes divas de la canción y el bolero.

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También incursionó como actriz en 16 películas y condujo su propio ciclo televisivo, “El show de Olga Guillot”, entre otras aventuras.

A partir de los ’90, su actividad artística fue mermando con respecto a décadas anteriores y siguió actuando en vivo con menos frecuencia, mientras seguía acumulando premios y distinciones para sus vitrinas.

Además de ser la primera latina en cantar en el Carnegie Hall de Nueva York, Guillot fue elogiada por grandes escritores de boleros como Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y Lola Beltrán.

Su forma de interpretar, sensual, dramática, potente, todo en una mezcla emocionante, le permitió pasar a la historia de las grandes divas de la canción y el bolero.

"El bolero es mi escuela, mi género, mi estilo. El bolero es poesía y existirá mientras haya poetas", decía a menudo y el bolero fue la tierra fértil que le permitió explotar el sentimiento de su voz.