Después de dos remates fallidos, el Elefante Blanco de Avellaneda tiene dueño: la venta del complejo de torres sin terminar se concretó por U$S10.050.000, casi la mitad de los US$20 millones con los que había arrancado la subasta judicial en abril pasado.

La oferta ganadora, U$S1,5 millones por encima del monto base con el que comenzó el remate, fue propuesta por un grupo de empresarios locales. Ahora resta que el juez Diego Hernán Papa, titular del Juzgado Comercial Nº 12, acepte la operación.

Pero fuentes cercanas a la subasta lo dan por hecho. La aprobación, si se cumplen los plazos previstos, ocurriría luego de la feria judicial, que concluye el 2 de agosto.

Una edificación con historia que genera gastos sólo en seguridad de $700 mil por mes.

La obra comenzó a ser construida en 2010 por medio de un fideicomiso. En él intervenían, por un lado, Bapro Mandatos y Negocios, Círculo Inmobiliario Emprendimientos y Bainter. Por el otro, los adherentes: particulares que mes a mes pagaron una cuota para ser propietarios de las unidades. En 2014 se frenó la obra y en 2017 se pidió su liquidación judicial.

El complejo tiene cuatro torres de 27 pisos. Son en total 900 departamentos de dos a cuatro ambientes, 24 dúplex y 718 cocheras. En promedio, los departamentos podrían ser vendidos a US$110 mil por unidad. Un precio muy competitivo.

Hoy el edificio genera gastos por $700 mil mensuales sólo en seguridad. El complejo fue ofrecido a la Ciudad de Buenos Aires para que lo incluyera en su política de viviendas, pero la idea también fracasó.