El tercer trimestre no es moco de pavo: es el definitivo para los alumnos y sus respectivos boletines de calificaciones, se juegan a todo o nada. Es en el tercer trimestre donde sabrán si se llevan o no una materia, o varias, a examen en las mesas de diciembre y, en el peor de los casos, directamente y sin escalas a febrero, con los riesgos que genera llegar a esa instancia.

Algunos, los de buenas calificaciones, respiran tranquilos sabiendo que sólo deben mantener lo hecho durante el año, la tienen clara y la cosa con 7 se soluciona.
Inclusive algunos sólo aguardan mejorar aún más sus notas para tener un promedio más elevado en el boletín. La excelencia es su norte y de ahí no se corren.

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Estos alumnos no andan por ahí con la calculadora en la mano haciendo mil cuentas para saber qué nota necesitan y hasta lidiando con unos crueles decimales que los pueden mandar derechito a las mesas de examen.

Las matemáticas no pueden hacer milagros y las calculadoras no mienten, por lo que hay algunos estudiantes remolones que necesitan sacarse, como mínimo, un 12 para eximir la materia, cuando sabemos que esa calificación aún no existe en el sistema educativo.

Para ellos el tercer trimestre les servirá al menos para intentar ir a diciembre. Otros, con un poco más de aire, necesitan un 10 ó 9 para zafar y saben que no pueden tener ningún resbalón en las calificaciones del trimestre. Saben que debe ser perfecto su desempeño en los exámenes escritos, los orales y la entrega de trabajos prácticos. En definitiva: casi no les sobra nada.

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A pesar de lo compleja de esta empresa, muchos obtienen la calificación esperada, demostrando que con un poco de esfuerzo no hubieran llegado con el agua al cuello a esta instancia. “Fernández, si hubiera estudiado un poco antes no se estaría quemando las pestañas ahora”, le regaña una profe al revoltoso del grupito del fondo que sacó de la galera un 10 en el tercer trimestre, dejando en claro que no le falta capacidad y que es un auténtico hijo del rigor.

Los que necesitan un 8 saben que no es tan complejo lo que les espera, pero también que no pueden relajarse más de la cuenta. Sacarse un 8 es mucho más que soplar y hacer botellas, mientras que no todos los docentes le pueden redondear para arriba a un 7,50. La suma de los trimestres debe dar 21, ésa es la cuestión, y hay que meter toda la energía en octubre, porque noviembre puede ser demasiado tarde.

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