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"Cuerpos Celestes", una vuelta por la campaña del Temperley campeón ´74

para leer en tiempos de cuarentena.

Alfredo Fonticelli nos sumerge en el año del primer ascenso a la A, de la mano de un singular grupo de hinchas de Temperley. En esta novela, como en la vida, las fronteras entre el fútbol, el amor y la política se desdibujan y no pocas veces no tienen una respuesta.

En tiempos de cuarentena, un poco de lectura no viene nada mal. Y para los apasionados del fútbol, que ansían fervorosamente la vuelta de los campeonatos, sumergirse en campañas inolvidables de sus equipos remonta a esos años donde todo se hacía a pulmón.

Alfredo Fonticelli, un Gasolero de alma, invita a los hinchas de Temperley a volver a recordar el año 1974. Sí, a aquella rica historia del primer ascenso a Primera A, que comenzó de la mano de Jorge Ginarte y terminó con Roberto Iturrieta en el banco.

Desde Uruguay, donde reside desde hace ya un cuarto de siglo y trabaja en un programa radial, el autor de la novela "Cuerpos Celestes" dialogó con La Unión. La charla abordó su trabajo, el sentimiento que lo llevó a escribir sobre Temperley y cómo vivió, desde adentro y siendo muy pibe, esa mágica vuelta olímpica en el estadio de Sarmiento de Junín.

"El lector va a encontrar una novela que relata la historia de un grupo de vecinos en el año 1974. Va a recorrer desde febrero del '74 a marzo del '75 con un eje puesto en la campaña de Temperley que tiene que ver con el primer ascenso a Primera A. Por lo tanto, está estructurada con una periodicidad que va permitiendo que uno vaya siguiendo la campaña de Temperley, sobre todo la primer mitad de año hasta que clasifica para el Cuadrangular de fin de año para el ascenso. Y a partir del mes de julio, entre el Mundial de Alemania, la muerte de (Juan Domingo) Perón y algunos sucesos de la política argentina la novela se retira más hacia la vida de los protagonistas: el trabajo, el desempleo, la escuela, la familia, las vacaciones, lo que pasa en el barrio. Hay una importante presencia de lo que tiene que ver con la política en el barrio. Ese tipo de cosas van a ir llevando al lector hasta el final de la novela que obviamente tiene que ver con la Locomotora del Sur y el tren que viaja hacia Junín y todos los sucesos de ese partido en donde Temperley se clasifica campeón", explicó Alfredo, escritor, periodista y arquitecto.

Su novela no abunda en datos específicos, numéricos, de la campaña del Gasolero. Más bien es pegarse una vuelta por el barrio, encontrarse con amigos, volver a sentir ese sentido de pertenencia. Y recibir una mano de esos que nunca te dejan solo.

"En principio creo que fue la novela que más trabajo me llevó escribir porque la distancia que necesitaba para poder contar estas cosas eran muchas, para poder no hacer una crónica histórica, cosa que no quiero hacer, ni pretendo. Hay gente que ha hecho trabajos históricos y están muy bien hechos. Esta es una novela que trata de tener una clave que es el respeto a algunos sucesos que han pasado de esa campaña, todo lo que tiene que ver con los partidos, resultados y formaciones es absolutamente histórico, pero el sentimiento de volver al barrio, de volver a pasar por esa sensación de solidaridad, de unidad que tenía el hincha de Temperley en ese momento es algo que hace rato me estaba dando vueltas".

E introduciéndose más en la novela explicó: "Hace 25 años que me fui de Argentina por trabajo a vivir a Uruguay y siempre tengo una relación de distancia y cercanía que esta vez se inclinó más para el lado de la cercanía y el encuentro con algunos compañeros de aquella época fue también una cosa que ayudó. Marcelo Ventieri, a quién encontré después de muchos años como historiador de Temperley, para mí era el loco que me enseñó a tocar la guitarra y con el que tenemos una banda de rock. Él fue un gran apoyo para toda la cuestión, debe haber corregido borradores no menos de cuatro veces. Encontrarme con Alejandro Rabada y otros compañeros de la secundaria fue una manera de decir 'si tengo algo para hacer es esto que tengo para decir' y esos son los sentimientos, saber que uno tiene algo para hacer, para contar, para decir. A algunos les traerá recuerdos y a otros les mostrará algo de lo que por ahí han escuchado, pero ahora tienen la posibilidad de leerlo".

Aquél año lo agarró a Alfredo en las Inferiores, con apenas 13 años, pero tener a esos "monstruos" (por los jugadores) cerca suyo era un sueño. Imaginénse lo que fueron después del ascenso. Pasaron a ser verdaderos héroes, sin dudas.

"En el ´74 jugaba en las Inferiores del club. El '73 y '74 fueron años en que todo lo que pasaba en la cancha, en los alrededores, era lo más importante que pasaba en la vida de todos nosotros. No nos cruzábamos en las prácticas con los jugadores de Primera, pero estaban ahí, los veíamos, eran nuestros héroes. Y eso está volcado en la novela, el amor a la pelota, a la camiseta, el empuje de la hinchada, la 'pica' con la platea. Toda esa magia que se produce en un estadio que años después lo comprobé, pasa como cuando estás en un teatro, en un cine y arranca la función y todo empieza a ser una cosa muy intensa. Por lo tanto cuando hubo que ir a Junín viajamos con Mario Pascali, con mi hermano Gabriel, éramos todos muy pibes. Tenía 13 años, mi hermano 11 y Mario 15 y nos fuimos solos con nuestro boleto de tren ida y vuelta. Y vimos a Temperley salir campeón. Estuvimos en la hinchada, en la cancha a la noche. Qué sé yo, eso fue una cosa absolutamente imborrable".

"Gracias a Martín Vila, Sergio Gianturco y Pablo Dubilet por abrir las puertas del club. Un abrazo para todos lo que me dieron tanto. Aquí les dejo algo de ese niño que en Temperley vivió un puñado de sus mejores años."

La distancia no es excusa, y el corazón late cada vez más fuerte. Los colores tiran. Y Alfredo comenta: "Sigo a Temperley a través de mis hermanos, de mis amigos. Trabajo en radio en Uruguay y el programa anterior al mío es de deportes, se llama Deportivo Uruguay y los locos son fanas de Temperley. No se olviden que la camiseta de Temperley es celeste, la de Uruguay también, y siempre hay una cosa de cariño inexplicable como muchas de estas cosas que son del fútbol, aman todo lo que tiene que ver con Temperley, hay jugadores uruguayos en la historia del club y entonces ellos son como muy fanas del Cele".

Por último, y con algo desde nostalgia desde el país vecino, le dejó un mensaje a los hinchas Gasoleros: "Llegó la hora de regresar. De regresar al amor por la camiseta, por el club, por los amigos. Volvió la hora de meternos todos en la cancha y dar una mano a quienes nos dieron un lugar donde ser Celeste. En estos días, cuando más que nunca necesitamos recordar que somos una comunidad, está bueno revivir o descubrir el ascenso del '74 que nos unió en el festejo. La novela Cuerpos Celestes habla de regresar a pasar por el corazón, es decir: Recordar.

"Gracias a Martín Vila, Sergio Gianturco y Pablo Dubilet por abrir las puertas del club. Un abrazo para todos lo que me dieron tanto. Aquí les dejo algo de ese niño que en Temperley vivió un puñado de sus mejores años."

ACERCA DEL AUTOR. Alfredo Fonticelli, 1961, Periodista, Escritor y Arquitecto. Ha publicado las novelas Caireles (09), Migraña (06), Vidrios (03) y Encrucijada de almas (00). Recibió los premios F. C. categoría Letras, MEC (08) y Menciones en el Premio Anual de Literatura (07/08) por su obra édita e inédita. Textos suyos fueron incluidos en los colectivos, Los mundos privados (99) y ZM (11). Se partió en Nicaragua es un texto de no/ficción.

PARA LEERLA. La descarga es en el link https://bit.ly/2O3m9gp es totalmente gratis.

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