Ya pasaron nueve años, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Así de frescos tengo en mi memoria a todos los grandes sucesos que me tocaron contar en vivo mientras conducía un noticiero.

Promediaba mayo de 2010 cuando después de dar show en Caracas, Gustavo Cerati sufrió el ACV que lo dejó cuatro años y medio en coma, hasta su muerte, el 4 de septiembre de 2014. Aquel oscuro jueves a la noche, horas después de su adiós, pude conducir en TN un programa especial junto a Bebe Contepomi, gran compañero y periodista de rock, quien le hizo varias notas a lo largo de su trayectoria y la última entrevista en su gira antes del accidente cerebrovascular. Pusimos al aire entrevistas, videoclips y recitales de Soda Stereo, donde Gustavo desplegaba su todo su talento.

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Recuerdo aquella cobertura con una mezcla de tristeza, nostalgia y orgullo. Porque yo fui adolescente a principios de los 80 y las canciones de Soda integran parte de la banda de sonido de mi vida. Aprovechando que hace unos días -el 15 de mayo- se cumplió el aniversario de la triste noche en que Gustavo sufrió su maldito problema de salud, me gustaría contarles una interesante historia que relaciona al músico con nuestro barrio.

Pocos vecinos deben saber que Soda estuvo en Temperley cuando la mítica banda recién comenzaba a hacerse conocida. No sólo estuvieron, sino que tocaron: fue un show impresionante en la recordada disco Le Paradis de la avenida Meeks al 1000, el boliche más popular de la época. Fue el 26 de octubre de 1985.

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Aquella  noche mágica, el trío formado por Gustavo, Charly Alberti y Zeta Bosio presentó su primer disco homónimo. Su repertorio incluía varios temas para bailar, lo cual les permitió entrar rápidamente en el circuito de bares y boliches de Buenos Aires y alrededores. Viéndolo a la distancia, se trató de una verdadera revolución: hasta ese momento, el rock nacional había sido música para escuchar en teatros, auditorios o en una habitación. Pero en aquella década, grupos como Soda, Los Twist y Virus trajeron al país los acordes que más sonaban afuera y cambiaron para siempre nuestro rock. La gente, además de escuchar, ya podía divertirse y bailar. La de Cerati era una banda compatible con la música de los DJ.

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Me gustaría mentirles y decirles que fui uno de los pocos afortunados que aquella noche estuvieron en Le Paradis. Podría haber pasado: ya era vecino del barrio y amante del rock and roll. Pero fueron muy pocos los lomenses que pudieron escuchar a Soda en Temperley. Ninguno se imaginaba que aquellos tres jóvenes de peinados raros iban a conformar años la banda más importante de Latinoamérica y un pedazo enorme de la historia del rock argentino.