Rubén Darío es profe de Strong By Zumba y, justamente, no entiende de límites, como la disciplina lo sugiere. Asegura que entrenar es parte de lo que necesita para seguir.

Cuando las ganas de estar bien es lo más importante, cualquier desafío se puede superar y un claro ejemplo de esto es el profesor de Strong By Zumba, de Lanús, Rubén Darío Figuerero (32) que desde marzo lucha contra el cáncer que le diagnosticaron y ni eso lo limitó para seguir haciendo lo que más le gusta: entrenar.

Tiene 32 años y disfruta de entrenar.
Tiene 32 años y disfruta de entrenar.

“Me sacaron un tumor y a los 15 días volví a dar clases. Además, tras el primer día que comencé con la quimio, salí de ahí y dicté dos clases de Strong”, comentó sobre algo que parece imposible de realizar en medio de un tratamiento tan invasivo como es la quimioterapia.

Justamente la disciplina Strong by Zumba se basa en poder desafiar los límites en cada clase y Rubén es el ejemplo de que los límites no existen cuando se está convencido de que se puede, más allá de cualquier barrera que presente la vida.

después de la primera sesión de quimio, rubén darío dictó dos clases de strong.

Hace dos años que es instructor de Strong y asegura que siempre le gustó mucho entrenar, y dejó todo para dedicarse a pleno a dictar clases.

“Soy analista de sistemas, pero dejé de trabajar de eso para tener mi propio espacio donde entrenar a las personas y convertirme en una herramienta para que puedan salir del sedentarismo”, manifestó.

tiene su propio gimnasio en lanús este.
tiene su propio gimnasio en lanús este.

Además de dar Strong, brinda clases de funcional en pleno centro de Lanús Este en su propio gimnasio. “El Monito Strong Training”, ubicado en O’Higgins 1201.

Desde agosto está haciendo las sesiones de quimio y cuenta que lo más fuerte fue la pérdida de cabello: “He tenido pelo largo y para mí fue difícil verme sin pelo, pero lo solucioné con una gorra. Doy clases así y ni eso me impidió continuar, porque a veces estoy cansado, pero las clases me despejan, me hacen muy bien”, señaló.

La familia de Rubén es un pilar muy importante para que él pueda seguir adelante: “Mi motor es mi mujer María Laura y mis dos nenes de 2 y 7 años que son todo para mí y son los que me sostienen”, contó.

Durante todos estos meses, desde que le diagnosticaron la enfermedad hasta hoy, Rubén sigue de pie, nada le hizo bajar los brazos ni un solo día porque entiende que esta lucha, este desafío es superable porque está convencido de eso y así sigue todos los días en su espacio entrenando a cada alumno y cumpliendo con eso que se propuso desde que decidió dejar todo para convertirse en profe: ser esa herramienta contra el sedentarismo.