La Segunda Guerra Mundial llegó, de alguna u otra forma, a todos los rincones de este planeta. Afectó directamente a más de 30 países y a unas 100 millones de personas. Tan grande (y doloroso) fue el conflicto que sus consecuencias alcanzaron lugares tan alejados como nuestra casa. Y por nuestra casa no me refiero a Sudamérica. Ni siquiera la Argentina. Me refiero a Lomas de Zamora, el barrio. ¿No me creés? Seguí leyendo…

Hace poco más de 79 años -el 13 de diciembre de 1939- se libró aquí cerca la batalla del Río de la Plata. Ese combate naval, único episodio librado en Sudamérica durante aquel conflicto, ocurrió en aguas uruguayas. El principal protagonista de la batalla fue el acorazado alemán Admiral Graf Spee, que meses antes había salido a recorrer las aguas de América con una sola misión: destruir el tráfico mercante del enemigo.

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En otras palabras, los jerarcas nazis ordenaban a los marinos del barco a comportarse casi como corsarios. Tras advertir que muchas de sus naves comerciantes habían sido exitosamente atacadas por Graf Spee, los ingleses se cansaron y ordenaron atacarlo. Fue así como aquel 13 de diciembre tres cruceros británicos se encontraron con el acorazado nazi frente a las costas de Montevideo. Y, pese a la dura resistencia de los alemanes, lo terminaron venciendo.

Al ver que su buque estaba a punto de ser hundido, el capitán Hans Langdorff decidió amarrar en el puerto de la capital uruguaya. Sin posibilidades de volver a batallar, dejó ir a pique a la nave en las aguas del Río de la Plata cuatro días después y se trasladó hacia Buenos Aires junto al resto de los sobrevivientes.

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Si bien el capitán se suicidaría en nuestra capital el 20 de diciembre, el resto de la tripulación del Graf Spee quedaría vagando por la Argentina. Así es como llegamos a Lomas de Zamora. Más precisamente, a Temperley: luego de que los marinos nazis estuvieran internados en un hospital de la localidad bonaerense de Sierra de la Ventana, las autoridades nacionales decidieron dejarlos en libertad. Algunos hombres, entonces, se afincaron en nuestro partido.

Frente a la casona de la quinta de Gatti (hoy en la esquina de las calles Esmeralda y Carlos Tejedor), vivía la familia Olmos. A los pocos metros, una familia alemana que alquilaba caballos compró una quinta y construyó una pileta. Allí solían ir los marineros del Graf Spee para refrescarse durante el verano. Algunos volvieron a Alemania tras el fin de la guerra, pero muchos decidieron quedarse a vivir en la zona y sus descendientes, hoy, son nuestros vecinos. Quién te dice, quizás algún marino nazi aún pasea por las calles de Temperley Este…