Hace unos días, el 24 de junio, se cumplieron 85 años de uno de los episodios más tristes de la historia de la música popular argentina: la muerte de Carlos Gardel. Quizás hoy, tantas décadas después, pueda resultar difícil comprender la dimensión de su figura, pero el zorzal criollo era un ídolo de talla mundial, adorado por sus tangos en todos los rincones del país. También aquí en Lomas de Zamora, claro, donde sus canciones sonaban en cada esquina. Y donde brindó tres recitales memorables.

Carlos Gardel se presentó por primera vez en nuestra ciudad a mediados de 1914, cuando su carrera recién empezaba a tomar vuelo. Fue en el café de Marchetti, por entonces punto de reunión de payadores y cantores. El Morocho del Abasto llegó de sorpresa una noche antes del inicio de la Primera Guerra Mundial. Venía “al bardo”, como tantos otros tangueros: luego de cantar algunas canciones, uno de sus acompañantes pasaba el platito o se rifaba una botella de licor. Bien de barrio.

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Sus otras dos presentaciones en nuestro partido llegaron a mediados de 1923, cuando él ya era todo un consagrado del tango. Primero actuó en un festival que se hizo en el teatro Español organizado por el Club Atlético Los Andes. Sin embargo, quien llevó adelante las gestiones para que Gardel llegara al sur del Gran Buenos Aires fue el doctor Roberto Baliña, su amigo y compañero de truco. Sí, el de la calle...

Según cuentan, aquella noche Horacio Palacios esperó a Gardel a la salida del cine Empire de Corrientes y Maipú, en Capital, y los trajo a él y a sus guitarristas hasta el Teatro Español. Gardel apenas cobró 40 pesos por esa presentación y tuvo un gesto que todos recordaron por años: al ver a decenas de chicos que se quedaban sin poder entrar en el hall del teatro por falta de entradas o de dinero para pagarlas, el ídolo ordenó que los dejaran pasar gratis. Desde allí se fue directo al teatro Coliseo, donde también hubo un lleno total pese a ser una noche de tormenta. En aquella oportunidad lo acompañaron los músicos Riverol, Barbieri y Aguilar.

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Aguilar fue, justamente, el único sobreviviente de la tragedia aérea de Medellín en la que el zorzal criollo perdió la vida. Su muerte ocurrió en Colombia y retumbó en todo el mundo, pero mucho más en nuestro país, donde sus tangos eran verdaderos himnos que todos que todavía muchos recuerdan. ¿Que era uruguayo? ¿Francés? Quizás sí. Poco importa. Lo que crece es su leyenda, porque Gardel, como dicen, cada día canta mejor.