Es importante para cuidar la salud. A veces, muy necesario. Pero seamos sinceros: ir al médico, por lo general, es una actividad que todos preferiríamos evitar.

A no ser que se trate de un chequeo de rutina, las visitas a los profesionales de la salud vienen de la mano con algún dolor corporal y, usualmente, implican tener que pasar un buen rato en una sala de espera aguardando por escuchar nuestro apellido. Pero nosotros, por más tedioso que resulte, la tenemos mucho más fácil que lo que la tenían nuestros vecinos de otras épocas. Y si no me creen, sigan leyendo…

En los comienzos de Lomas de Zamora como ciudad, la medicina, al igual que el resto de las disciplinas, era ejercida por muy pocos profesionales. Uno de ellos, el doctor Carlos Villar, fue designado en 1887 médico municipal y luego fue reemplazado en 1883 por el doctor Cesáreo Amenedo.

Leé también:  Un refugio para músicos de élite en Banfield

En esa época, el distrito no tenía centros asistenciales y los vecinos enfermos debían ir a ver directamente a los requeridísimos médicos. Ante esta situación, la colectividad británica decidió fundar en 1887 la Victoria Convalescent Home, en Llavallol, dependiendo del Hospital Británico de Buenos Aires. En aquellos días, Temperley recién empezaba a asomar como pueblo y la mayoría de sus viviendas eran quintas eran de veraneo de familias acomodadas de Capital Federal, por lo que no había urgencia de construir más nosocomios.

El Hospital Gandulfo de Lomas, todavía es una referencia en el sur del Gran Buenos Aires, fue inaugurado recién en 1906 y la ambulancia del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Lomas de Zamora fue adquirida en 1911. Un poco antes, el 26 se setiembre de 1908, era construido el Asilo de Alienadas, luego el Hospital Interzonal José Estévez, en la quinta de los Varela, en la calle Garibaldi al 1400.

Leé también:  El viejo polígono de tiro de Lomas

El doctor Estévez, junto con los doctores Cabred y Borda, se habían especializado en atender y tratar a los enfermos psiquiátricos. Hasta entonces, los “locos” eran confinados en los hospitales.

De allí en adelante, el desarrollo de la salud en nuestro distrito fue meteórico: el 9 de noviembre de 1913, por ejemplo, se inauguró el Hospital Español de Temperley. Este establecimiento geriátrico, que en su momento llegó a ocupar unas 12 hectáreas, se ubica en 25 de Mayo al 1500.

Hoy, con los viejos y necesarios hospitales todavía en pie, con unos cuantos sanatorios desparramados por todo el municipio y, con decenas de clínicas separadas por pocas cuadras en las zonas más transitadas, conseguir un médico cerca de casa es mucho más fácil.