Hace 90 años, el 8 de noviembre de 1928, un grupo de escritores agasajó a los miembros de la Junta Ejecutiva de la Primera Feria Nacional del Libro, que tuvo lugar en el Teatro Cervantes. En esa jornada se constituyó la primera Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores.

En la comisión estaban Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Baldomero Fernández Moreno y Ricardo Rojas, entre otros tantos grandes escritores argentinos.

La presidencia de esa naciente Sociedad Argentina de Escritores quedó en manos de Leopoldo Lugones, una de las figuras más controversiales.

El 18 de febrero de 1938 se suicidaba a los 63 años este escritor, periodista y ensayista, entre otras profesiones, en un recreo del Delta de San Fernando, llamado “El Tropezón”, luego de la ingesta de cianuro de potasio con whisky.

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Todas las sospechas indican que no pudo soportar vivir lejos de Emilia Santiago Cadelago, su amante secreta y 30 años menor.

Con este hecho trágico, ocurrido cuando Argentina se encontraba en la Década Infame, comenzaba una serie de tragedias que tuvieron como protagonistas a sus descendientes: “Los Lugones” se convirtieron en una de las familias argentinas signadas por una serie de suicidios.

Quizás aquella historia de amor trunca fue la que inauguró una sucesión de tragedias en el clan familiar a partir de la actitud de Leopoldo “Polo” Lugones, hijo del poeta, tristemente célebre por haber desarrollado la picana eléctrica durante el gobierno de facto del general José Félix Uriburu, cuando cumplía funciones como comisario.

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Precisamente, al suicidio del padre siguió el del hijo. Ya retirado, devenido en custodio de la obra de su progenitor, Polo vivió recluido en una casa en Devoto. Con una condena por abusar sexualmente de chicos en un orfanatorio, se voló la cabeza en 1971, luego de que lo haya dejado su segunda mujer.

En esta línea de sucesos trágicos, se suma Pirí Lugones, apodo de Susana Lugones Aguirre, que fue una escritora, periodista, editora y traductora, y a la par militante de Montoneros. A los 52 años fue secuestrada por un grupo de tareas durante la dictadura militar.

Luego, Alejandro Peralta, uno de los tres hijos de Pirí, se suicidó colgándose de un árbol también en Tigre cuando tenía 20 años, el mismo final que su abuelo y su bisabuelo.

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