Sí, querida, te cuento todo y con lujo de detalles. Esta casa es un bolonqui, parece que estamos en plena Guerra de Vietnam, es un despelote, hablando mal y pronto.

La cosa es que siempre fue igual, pero ahora es distinto. El mayor siempre fue medio desastre, vago para el estudio, medio que le escapa a la ducha, come como un vikingo y todo lo que ya sabés.

La nena, nada que ver, ¿viste?, ella es todo 10 y un 9 puede ser causal de una crisis de nervios, es pulcra, prolija y come como un pajarito, además de ser vegetariana, parece que estoy criando a Lisa Simpson.

Pero bueno, parece que los extremos se juntan y los dos hermanos ahora son como pata y muslo, por no decir otra cosa, antes eran perro y gato, ahora son hermanos inseparables.

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¿Qué es lo que yo siempre quise?, claro, siempre quise que sean unidos estos dos, se quisieron siempre, pero a su forma. Pero les saqué la ficha, se unieron en mi contra, tan jóvenes y tan confabuladores.

Entendieron que la unión hace la fuerza y me vienen con plantitos en yunta, una cosa de locos. Resulta que el grupo de amigos que armaron en San Bernardo, los amigos de cada uno que se hicieron amigos entre sí, tiene en mente otra juntadita, pero no es en casa.

El asunto es que esta manga de pibes quieren ir a pasar el día al Tigre a la casa de uno de estos nuevos amigos, en la otra punta, del Sur al Norte. Obvio que me opuse y ardió Troya.

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Los muy pillines le fueron a pedir la escupidera al padre y el otro le dijo que sí, entonces soy la mala de la película, así no se puede, siempre quedo como la tirana de esta casa.

El asunto es que es la otra punta y decime vos cómo van hasta allá, solos no los voy a dejar ir a pesar de que el nene es un terrible grandulón.

¡Bingo!, acertaste, mi marido los lleva con el auto y se ofreció a llevar a dos más que viven acá cerca también. Además, los lleva y después lo va a ir a buscar y con todo gusto.

El tema es que son cinco en el auto y la que se queda a pata soy yo, ni siquiera me entero a qué casa van estos dos. A los padres de este pibe de Tigre los vi en Samber un rato, pero no sé ni quienes son.

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¿Qué al menos no me copan la casa? ¿Y que soy la gata Flora?, pueden ser querida, prefiero que se morfen todo, que me destruyan el jardín y me contaminen la pileta, pero al menos los tengo acá cerquita.

Mi marido me dice que es lógico y que a la edad de ellos también hacíamos lo mismo y que está perfecto que compartan un grupo, y bla, bla, bla.., todos en mi contra.

¿El WhatsApp?, en cualquier momento vuelve, sigamos por el fijo, igual los matar a mensajes de audio a estos dos cuando se vayan al Tigre, para eso tenemos el grupo familiar, aunque no creo que me contesten ninguno, no sé para qué me metieron en ese grupo.