Suena obvio decirlo pero, aunque a veces no nos demos cuenta, los años pasan igual para todos. Eso pensaba hace un par de sábados, cuando veía a Mica, mi hija mayor, ponerse el pijama y quedarse en la cama repasando los guiones de su obra de teatro. Un par de años atrás, su único plan de sábado a la noche era ponerse su mejor ropa y salir a bailar con amigas. Es la vida: de a poco, las responsabilidades se ponen más serias, los intereses cambian y las prioridades pasan a ser otras. Como nosotros, los chicos crecen.

Mientras pensaba, la nostalgia se apoderó de mí: rebobiné entonces algunos años en mi cabeza y me puse a recordar las épocas en las que todos los fines de semana, el que se bañaba en perfume para salir era yo. Y fue así como se me ocurrió bucear en la historia de la noche en zona Sur. ¡Si la habré recorrido! En un boliche de Adrogué, por ejemplo, conocí a Bochi, mi mujer. Las primeras fiestas de nuestro barrio se hacían en clubes.

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En 1950, las cosas se empezaron a poner un poco más profesionales. Fue en ese año que se empezaron a organizar bailes todos los domingos con un único requisito: la elegancia.

Así, entre trajes y corbatas, nació Mi Club de Banfield sobre Chacabuco. Hasta 1958 funcionó sólo los domingos de invierno. Recién un año más tarde abrió los sábados. Los requisitos eran que los hombres fueran “sin barba ni pelo largo y las chicas vestidas con decoro”.

El control era tan estricto que un oportunista abrió una peluquería a pocos metros para que los rechazados pudieran corregir su aspecto a último minuto.

Durante un par de décadas, Mi Club fue “el” boliche de la zona y el lugar de encuentro para cientos de parejas: lo llamaban el “registro civil” de la noche. Pero en 1982, de la mano de la música disco, apareció en el centro de Temperley el mítico Le Paradis. Allí se innovó con la música, los equipos de sonido e iluminación. También comenzó a funcionar la matinée.

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En ese escenario se presentaron las mejores bandas del momento: Soda Stéreo, Virus y Los Abuelos de la Nada. En 1988, muy cerca de donde quedaba Le Paradis (cerró en el 86), su fundador inauguró La Fábrica.

El nuevo boliche, más grande, fue pionero en incluir un espacio al aire libre. Otro local que marcó época en nuestro partido fue Peteco’s, que abrió en 1994 en la esquina de Meeks y Garibaldi como un bar de tercer tiempo para los clubes de rugby.

Con el pasar de los años se fue reformulando y el baile y las bandas ganaron la escena. Hoy me cuentan mis hijos que Raven’s (Lomas) y Go (Banfield) son los más populares entre los más chicos y que Beliving, Había una Vez y Rosko (Las Lomitas) se llenan de mayores de 25.

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Cuando Lomas se tiñó de blanco, por Sergio Lapegüe