Los Beatles habían conquistado el mundo en un abrir y cerrar de ojos en 1963 y durante tres años fueron protagonistas de giras maratónicas, hasta que decidieron bajarse de los escenarios agobiados por el griterío de sus fans en los shows y agotados por el raid de presentaciones en buena parte del mundo, en especial en Estados Unidos.

Recluidos en los estudios de grabación, los Fab Four irrumpieron con “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, el mejor disco de la historia del rock, con los integrantes camuflados en sus uniformes, a modo de alter egos.

Con todos los laureles acumulados, no detuvieron su marcha y redoblaron la apuesta con el “Álbum Blanco”, que no tiene ese nombre oficial, pero se lo llama de esa manera por el color de su portada.

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Este disco llegaba a las bateas inglesas el 22 de noviembre de 1968, hace 50 años, y tres días después arribaba a las disquerías de Estados Unidos y luego al resto del mundo.

Mientras el mundo surfeaba el final de los agitados ‘60, el grupo estaba en plena ebullición creativa, con mil ideas en la cabeza, pero también a punto de asomarse a su disolución, que no tardó mucho en llegar.

El “Álbum Blanco” comenzó el camino hacia la autodestrucción de un conjunto que, sin contar la banda sonora de “Yellow Submarine” (1969), ya sólo editaría dos trabajos más: “Abbey Road” (1969) y “Let It Be” (1970).

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Entre febrero y abril de 1968, los cuatro integrantes se fueron de retiro espiritual a la India, donde John Lennon y Paul McCartney comenzaron a concebir esta obra.

George Martin, mano derecha del grupo, terminó hastiado ante un proceso con muchas idas y venidas, y Ringo Starr llegó a abandonar durante unos días el estudio. El resultado de las tensiones en la banda fue una tremenda explosión de estilos musicales en treinta canciones.

En esta obra convivían canciones tan diferentes como el rock “Back in the U.S.S.R.”, los lamentos melancólicos de “Dear Prudence” y “While My Guitar Gently Weeps” y la luminosa melodía “folkie” de “Blackbird”. El disco apuntaba a los extremos, desde el tono jovial y naif de “Ob-La-Di, Ob-La-Da” a las alucinaciones experimentales de “Revolution 9”.

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Vueltas del destino, “Álbum Blanco” no tuvo pretensiones comerciales y sin embargo fue número uno en Estados Unidos y el Reino Unido.

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