Por Edgardo Solano

Edgardo Solano deleita con su columna en La Unión.

Quino cuando eligió el nombre de Libertad, el último personaje en ingresar a la tira de Mafalda, realizó una auténtica declaración de principios. Ese personaje no podía llamarse de otra manera, con una palabra que comenzaba a ser peligrosa en aquellos años.

Libertad ingresó a las viñetas de Mafalda el 15 de febrero de 1970, cuando los demás personajes ya eran auténticos clásicos con sus personalidades definidas y hasta opuestas. Mafalda provenía de la típica familia de clase media porteña de aquellos tiempos. Una madre ama de casa, un padre oficinista y hermano menor, comedor de tierra, completaban el grupo familiar que moraba en ese departamento.

Libertad no venía de la familia con pretensiones pequeñoburguesas y era hija de una joven pareja de militantes. Su papá y su mamá se habían conocido en la universidad y habían terminado su carrera contra viento y marea.

La pequeña Libertad, de Quino.

“¡Hoy hay que pensar en la revolución social, no en tomar helados!”, llegó a decir en una viñeta, remarcando claramente su origen y su identidad de clase.

De familia socialista, siempre está hablando de la revolución, de la clase proletaria y de los problemas del mundo. De estos temas sólo puede conversar con Mafalda, aunque corre por izquierda a la niña que odia la sopa y ama a Los Beatles.

Quizás Quino necesitaba un personaje que esté a la izquierda de Mafalda, y vaya si lo encontró con Libertad, que se ganó rápidamente su lugar entre los fans de la tira humorística.

Libertad es muy (pero muy) pequeña de estatura, tiene pelo rubio y enrulado, y siempre lleva puestos unos aritos redondos. Además, no le gustan ni un poco las bromas sobre su talla física. El departamento en el que vive es tan pequeño como ella misma, pero con lugar suficiente para una cargada biblioteca y algún afiche de París.

Precisamente, su madre es traductora de francés y ella aspira a tener la misma profesión que su progenitora cuando llegue a la adultez. A Libertad le agradan las personas simples.

“A mí me gusta la simplicidad de la gente simple. Yo soy simple pero no es precisamente por eso que me gusta la gente simple, sino por razones más simples...”, espetó en una tira al respecto de la simplicidad y hasta se preguntó: “¿Por qué ustedes los demás no son simples?”.

También ama la limpieza y la cultura, a la par de las reivindicaciones sociales. Además, tiene una abuela con una casa en el campo, donde suele ir de vacaciones con sus padres:

“Van a llevarme a pasar las vacaciones al campo. ¿Lo conocen? Es una cosa verde que queda lejos...”.

Libertad es como una Mafalda en frasco chico y aún más radicalizada en sus pensamientos sobre el mundo y la sociedad. Ambas compartieron, gracias a la pluma de Quino, frases antológicas dichas por chicos, pero que apuntan a que piensen los grandes.

“Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista”, fue una de las frases más lapidarias y zumbonas de la pequeña Libertad.