Los docentes también somos seres humanos y también tenemos que lidiar con algunos bemoles propios de la cuarentena, como la Tecnología.

La tecnología es una enorme herramienta y fue vital en este tiempo de aislamiento social para que se pueda continuar con el proceso de aprendizaje y con la posibilidad de un ida y vuelta con los alumnos, a pesar de la importancia que tiene el docente en el aula.

Y si, la tecnología salvó las papas, porque en décadas anteriores todo hubiera sido más complicado para sobrellevar en el plano educativo. Casi que en otros tiempos este era un tiempo perdido o difícil de recuperar.

Luego de darle las gracias a la Señora Tecnología por sus enormes servicios prestados, no está nada mal pedirle que habilite el libro de quejas para hacerle algunas observaciones pertinentes para que las tenga bien en cuenta.

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La tecnología puede fallar y la vaya si lo hace, incluso en el momento menos pensado. Pongamos un ejemplo, en medio de una suerte de foro con todos los alumnos de un curso, que encima están enganchados a full con el tema, ¡zácate!, se cae Internet.

Sí damas y caballeros, en ese mejor momento y sin previo aviso nos quedamos sin conexión. El soporte técnico de nuestro prestador no atiende y nos deja en espera con una musiquita espantosa y ya apagamos y prendimos el módem más una vez, pero nada.

Cuando logramos que Internet vuelva ese clima logrado rodó por las escaleras y habrá que remarla para volver a conseguir que todos vuelvan a prestar la atención.

Doña Tecnología nos vuelve a dejar pagando cuando se cuelga la compu en medio de nuestro trabajo a distancia. Por motivos que desconocemos, la cosa no va para atrás ni para adelante, con el peligro de perder todo lo hecho.

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Cruzando los dedos, no queda otra que reiniciar o directamente apagar todo alimentado la quimera de que algo de lo realizado se va poder rescatar.

Como la tostada se cae siempre del lado del dulce, nada que lo que hicimos se salvó y volver a empezar, luego de superar una pequeña crisis de nervios y reprimiendo la ganas de incinerar la compu.

La lista sigue, ojo. Puede haber apagones, hay programas que dejan de responder, archivos que no aparecen y temor latente de que se rompa algo con todos los negocios del ramo con la persiana baja.

La tecnología es nuestra gran aliada en estos días, nunca dejaremos de darle las gracias y tampoco de prenderle velas para que todo funcione, más o menos, como es debido.