Susana Fattorini, dirigente del club, habló sobre el rol social que están cumpliendo en cuarentena. Hacen ollas populares los sábados al mediodía y dos veces por semana dan meriendas a la gente del barrio.
Dirigentes y ex jugadores, unidos para ayudar a los más necesitados.
Dirigentes y ex jugadores, unidos para ayudar a los más necesitados.

El rol social de los clubes de barrio va creciendo exponencialmente con el paso de la cuarentena. En la Samporia de Temperley son conscientes de las necesidades de los vecinos y por eso decidieron dar una mano desde su lugar.

“La Sampdoria cambió la pelota por la olla, literalmente fue así. Las pelotas están guardadas en utilería y las ollas están en el medio del buffet. Para eso somos un club social”, remarcó Susana Fattorini, secretaria de la institución y una de las encargadas de llevar adelante la labor solidaria.

Desde hace algunas semanas, todos los sábados realizan ollas populares y entregan viandas a la gente del barrio. El día en que unos 80 chicos de todas las categorías del papi deberían estar jugando al fútbol en la Liga Adij, decenas de vecinos se acercan para buscar un plato de comida. “Vimos la necesidad de la gente y antes de hacer la típica ‘vaquita’ para comprar mercadería y distribuir, pensamos en darles un plato de comida bien elaborado, como si sería para nuestra casa”, contó Susana. “Es algo totalmente improvisado porque no somos cocineros ni tenemos los utensilios adecuados pero lo hacemos con amor y compromiso. Nos quedan los brazos doloridos de tanto revolver en las ollas”, agregó.

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En el primer día de la iniciativa, un sábado a la noche, se entregaron unas 70 viandas. El último sábado, después de la primera tanda debieron agregar una más y terminaron otorgando más de 110. “Pusimos una bandera para avisar que se terminaba la olla y venían los vecinos a pedirnos si no nos había quedado algo. Es desesperante realmente. Yo llegó a mi casa emocionalmente quebrada porque la gente viene con vergüenza, te agradecen hasta un poco de pan”, comentó Susana.

Su situación tampoco es muy diferente. Es una desempleada más en un contexto difícil desde lo económico. “Yo trabajo haciendo eventos. Tenía 10 o 12 por mes, los cuales perdí y tengo claro que mi rubro va a ser de los últimos en volver. ¿Cuándo van a permitir que 60 o 70 personas se junten en un salón? Quizás no pase este año y muchos salones van a cerrar. Va a estar complicado pero no por eso voy a dejar de ayudar a quienes lo necesitan. Mi reflexión es que estamos mal pero hay gente que está peor que uno. Hay que rescatar lo positivo y, como club en este caso, reinventarse y dar lo mejor”, señaló.

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Los clubes de barrio son formadores de futbolistas pero también de personas y esa gratitud se suele ver representada en gestos de ex jugadores. Por la Sampdoria han pasado decenas de futbolistas que llegaron a Primera y uno de ellos es Joaquín Pucheta, actual arquero de All Boys. “Junto a otros ex jugadores vinieron al club a dar una mano y se encargaron de armar las meriendas que se entregan los lunes y jueves. Además, el club All Boys también hizo donaciones que usamos nosotros y repartimos con vecinos del Barrio La Matera, en Quilmes”, detalló Susana.

Y culminó: “Estos chicos que vienen a ayudar ya son hombres que el club formó en sus inicios. Algunos no jugaron al fútbol de grandes pero se convirtieron en buenas personas y eso es lo que nos da la mayor satisfacción”.

La familia de Joaquín vive al lado del club y es una de las que ayuda a diario para esta labor. El arquero comentó: “La necesidades están, son grandes. Más ahora con lo que estamos pasando. Pero lo importante es que podamos ayudar a la gene y que no se sienta tanto el problema que vivimos”.