El próximo martes es el Día del Maestro (chocolate por la noticia), pero no será uno más porque se cumplen 75 años de que comenzó a regir esta conmemoración, justiciera por cierto.

“Todo es historia”, decía Félix Luna, por eso vale recordar que allá por 1943, a 55 años del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, la Conferencia Interamericana de Educación (integrada por educadores de toda América) se reunió en la ciudad de Panamá.

En ese cónclave se estableció, entre otras cuestiones, que el 11 de septiembre como Día del Maestro en todo nuestro continente, por ser la fecha en la que “El padre del aula” pasó a la inmortalidad.

Esa fecha rige en Argentina desde aquella jornada, mientras que se fue perdiendo en los demás países de América, que fueron tomando con el tiempo otros días en el almanaque para esta celebración, aunque aquí también los recordamos.

A pesar del carácter “redondo de la celebración”, no se podrán gambetear o superar los clichés habituales desde ya aquel lejano 1943. En el acto, como corresponde, se entonarán las estrofas del “Himno a Sarmiento” con el sostenido “¡Gloria y loor! ¡Honra sin par!”, que le da el tono épico al último verso de esta oda patria.

Además, el discurso caerá en los tópicos de siempre y recordará, por supuesto, a la Ley 1420, craneada por el ilustre sanjuanino, y que decretaba la educación laica, gratuita y obligatoria, estableciendo la norma básica que estructuró el sistema de educación pública nacional.

Lo único que cambió en los últimos años, revisionismo mediante, es que ahora se reconoce que el pequeño Dominguito tuvo un par de faltazos a la escuela, por causas que aún se desconocen.

Es posible también que aparezcan cartulinas con frases célebres alegóricas a ese día. “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”, con la firma de Pitágoras. O el proverbio chino que dice: “Si estás planeando para un año, planta arroz; si estás planeando para una década, planta árboles; si estás planeando para una vida entera, planta educación”.

Lo que jamás se modifica son los presentes a los docentes y (casi) siempre son mates, por lo que un veterano educador es la envidia de cualquier museo tradicionalista. Con sus lugares comunes y todo, no deja de ser nuestro día.