Semanas atrás, investigadores de la UBA y el Conicet revelaron que el bajadasaurus, un dinosaurio cuyos restos fueron descubiertos por primera vez en 2013 en la provincia de Neuquén, tenía un abanico de espinas gigantes en el cuello y la espalda que le servían para defenderse. Fue un verdadero hito para la ciencia local y todo un acontecimiento para los amantes de la paleontología, que siempre esperan nuevos descubrimientos.

El bajadasaurus, dicen los expertos, vivió en la Patagonia hace 140 millones de años aunque, quién sabe, quizás algún ejemplar se escapó algunos kilómetros y recorrió lo que hoy es la provincia de Buenos Aires. Es loco pensarlo, pero si alguien consiguiera una máquina del tiempo y volviera muchísimos años atrás, podría encontrarse con un enorme lagarto en (donde hoy se encuentra, claro) la puerta de su casa.

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Tras la extinción de los dinosaurios, la naturaleza de Buenos Aires fue evolucionando. Los primeros registros concretos de la flora y la fauna de nuestro distrito son de cuando la zona se empezó a poblar, hacia fines del siglo XIX.
Los animales típicos en ese momento eran ñandúes, patos, garzas, gaviotines, perdices, peludos, cuises, tucotucos, gatos monteses, zorros e iguanas. Algunos siglos antes, sin embargo, por nuestro suelo se movían además guanacos, pumas y hasta jaguares.

¿Y la flora? De acuerdo a los libros de la época, en los alrededores del Riachuelo se solían ver sauces colorados, sarandíes negros, ceibos, juncos y duraznillo blanco. En las lomadas las especies eran más variadas, incluyendo enredaderas de mburucuyá y zarzamora, ñapindá, algunos cactus y bosques de talas y espinillos. Las plantas y arbustos característicos eran abelias, aljabas, alteas, azareros, ciruelos de adorno, coronas de novia, coronas de ángel, forolitos japonés, granados de jardín, jazmines, lantanas, laureles, lilas, magnolias lilas, membrilleros de adorno, nadinas y rosas chinas.

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Con la fundación de nuestro Partido y la posterior urbanización, el arbolado de Lomas fue cambiando de forma abrupta. El mismo fue realizado, como en muchas otras ciudades, por la municipalidad o por los propios vecinos, utilizando diversas especies, muchas de ellas foráneas, que se aclimataron exitosamente a nuestra tierra.

Actualmente, las que más se ven en nuestras plazas y veredas son plátanos, álamos, paraísos, fresnos y casuarinas.