Comenzó a construirse en el terreno de la casa de Laureano Oliver, sobre Meeks. Fue fundamental para el desarrollo del centro comercial lomense.

“Te espero en la Galería Oliver.” ¿Cuántas veces se escuchó esta frase entre los lomenses? Este verdadero punto de encuentro, que fue el puntapié inicial para darle forma al centro comercial local, cumple 59 años.

Los orígenes de la Galería Oliver (Laprida 164) se remontan a la casa de Laureano Oliver, sobre la avenida Meeks. Cuando él murió, su hijo y sus hermanos junto a otros amigos hicieron una gran inversión: una galería comercial, “la primera avanzada sobre un Lomas comercial que no existía”.

tiene tres salidas: meeks, larpida y españa.
tiene tres salidas: meeks, larpida y españa.

“La casa de mi bisabuelo tenía por lo menos 20 metros de frente y unos 60 de fondo, no llegaba a la calle España, pero casi. En principio se fueron anexando dos compras para dar la salida a la galería y darle la forma actual, antes no tenía salida, era hasta la isla central”, contó Juan Manuel Portela Oliver, bisnieto de Laureano. Y agregó que en el sector de la isla, el techo es de la constructora Pío Ricagno. “No tiene una sola viga, es una joya arquitectónica, tiene 60 años y no tuvo modificaciones, es la original. Es un sector vidriado lo que le aporta luz natural al espacio”.

Un tiempo después, esta galería terminó saliendo a tres calles: España, Laprida y Meeks. Laureano tiene muchos recuerdos sobre el café tradicional que funcionaba donde hoy está Levi’s y de una peluquería -arriba del café- a la que se accedía a través de una escalera caracol y donde se cortaba el pelo.

durante mucho tiempo funcionó en su interior un café y una peluquería a la que se accedía por medio de una escalera caracol.

“Era un café muy convocante. Me relatan consorcistas que no se animaban a entrar si había ciertas personas. Había mucha jerarquía sobre dónde se sentaba cada uno. Antes de la peatonalización de Laprida, el formato de Lomas era distinto. Había menos tránsito de gente, era una zona residencial que tenía una área comercial que comenzaba en Gorriti y terminaba en Boedo”, analiza Juan Manuel, de 49 años, los mismos que cumple la galería.

El piso era distinto, los techos eran más altos y no había rejas, pero un intento de atentado cambió por completo el sistema de seguridad de la galería. “Metieron una autobomba en los 70s que llegó al centro de la galería, tuvimos suerte de que no explotara. Yo calculo que era parte de la forma de generar terror en un momento en que la violencia política estaba instalada, pero nunca tuvimos una amenaza, simplemente ocurrió”, agrega.

En las primeras décadas de vida, hubo grandes marcas como Alberts (casa de trajes) o Malara (polleras), pero lo destacable era que la Galería Oliver estaba hecha “por amigos”: “Los primeros locales que se alquilaron tenían que ver con personas que tenían una matriz cultural parecida, venían de familias tradicionales de Lomas, habían hecho una inversión y querían ofrecer productos de buena calidad”.

Para Juan Manuel, esta galería está ahora “más vigente” que nunca, con “mejores servicios”. “La gente siente muy amable este lugar, el poder acortar camino pasando por ella o el entrar a un espacio calefaccionado”, cierra Juan Manuel, con la convicción de que la Galería Oliver es el corazón del centro comercial y sigue latiendo fuerte.

LOS PRIMEROS

El primer local que tuvo la Galería Oliver sigue vigente aunque en otro rubro. Lo que comenzó siendo un comercio de ropa para bebés hoy ofrece vestidos de noche para las mujeres. Y quien cuenta la historia es Estilita Juárez, de 91 años, la esposa de Matías Hernández, un inmigrante español que apostó en Lomas, ciudad de la que su familia nunca más se fue.

“Mi marido vino de España a los 18 años en medio de la guerra, cuando venían muchos españoles e italianos. Tenía un primo en Lanús con un negocio muy importante en la 9 de Julio. Cuando llegó, trabajaba hasta las 12 de la noche porque se respetaba que la mujer iba al cine, entonces hasta esa hora no se cerraban los negocios. A los pocos días era el mejor vendedor. Entonces los fabricantes lo alentaron a abrirse un local”, recuerda Estilita, quien tenía 23 años cuando llegó de España.

Y así fue cómo Matías se acercó a Lomas y alquiló un local en la Galería Oliver, el primero de todos.

Ella tiene frescos los recuerdos de una Lomas “señorial”. “Era como ir a la Recoleta. La dama se vestía muy bien, todas con pieles, chaquetas, zorros. Yo salía siempre con mis amigas, éramos ocho”, enumera esta coqueta mujer que aconseja a las clientas y recibe el cariño permanente de los vecinos: muchos de ellos “sólo pasan para saludarla”.