El viernes se hizo un «panazo» en zona Oeste como protesta por la situación delicada que atraviesa el sector, castigado muy duro durante los últimos tres años por el aumento de las tarifas.
El precio del pan ronda los $80 el kilo.

Las protestas de los panaderos vienen replicándose con más intensidad. En 2018 protagonizaron varios «panazos» (acción en la que se regalan kilos de pan) para visibilizar la crisis del sector, y 2018 inició con una fuerte medida en el municipio de San Martín. Lo cierto es que las ventas bajaron mucho, y el precio sigue subiendo.

Desde hace 3 años, los panaderos vienen padeciendo los tarifazos en los tres servicios esenciales que la industria utiliza para la elaboración de sus productos farináceos: Luz (3.600 %); Gas (2.400%) y Agua (1.000%) sumado esto al aumento del Trigo (270%) abonándose hoy por cada Bolsa de Harina de 50Kg más de $1.000, costos que no pueden ser trasladados al producto final.

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A ello también hay que sumar las cargas sociales, sueldos, y la alta presión impositiva, lo cual también atenta contra este Sector Familiar Pyme que día a día trata de sobrevivir para no dejar a cientos de familias en la calle.

«Todo el empresariado panadero está caminando al borde de una crisis», dijo Eduardo Rodríguez, de la confitería Nouvelle, ubicada en Fonrouge 83, Lomas.

«La gente se encuentra con un pan a $80 el kilo y $50 son de costos fijos, impuestos, alquiler, producción. Al panadero se le hace cada vez más difícil parar la olla», sostuvo y recalcó que además de la crisis económica el escaso control sobre la producción clandestina es otro de los ejes de la crisis. «Frente a la clandestinidad bajamos la cantidad de kilo de venta y no podemos ajustarnos más. El clandestino se consigue con harina en negro, sin pagar los altos costos impositivos».

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Es que el pan «clandestino» surge frente al recurrente aumento de los valores en el sector. Entonces aumenta la competencia, que se torna «salvaje», a costa de bajar la calidad de los productos.

Otro actor es el del «pan mecanizado», un producto congelado que se comercializan en comercios y supermercados. Son fabricados con escaso personal y máquinas, pero sin ningún tipo de elaboración artesanal.

«Cada empresario tiene derecho a mejorar su rentabilidad en la medida que pueda, pero la panadería artesanal alberga mucho personal de mostrador.Hoy la realidad es muy compleja: tuvimos que hacer una reducción de personal drástica después de la devaluación. Nos encontramos con una baja fuerte de ventas y una enorme competencia, ya que se salió a vender excesivamente barato», sostuvo Rodríguez, que recalcó que en su panadería «no se negocia bajar la calidad del producto».