La actriz, quien fue un ícono sexual en otras décadas, murió días antes de cumplir 90 años. Con Armando Bó armó una dupla que se plasmó en 30 films.
estaba internada en el hospital de san isidro por una fractura.

“¡Canalla! ¿Qué pretende usted de mí?”, le dice Delicia, el personaje de la Coca Sarli, a uno de sus agresores sexuales en la película “Carne”, un film estrenado en 1968, que causó un escándalo en la pacatería de la época.

Isabel Sarli fue mucho más que esa escena que quedó dentro de las frases clásicas del cine argentino, incluso para quienes ni vieron ese film de Armando Bó: fue una verdadera pionera del cine erótico criollo y uno de los grandes símbolos sexuales de Argentina.

Con su salud maltrecha, Isabel Sarli falleció poco antes de cumplir 90 años en el Hospital de San Isidro donde se encontraba internada desde el 26 de mayo pasado por una fractura de su cadera, sufrida en su casa.

DE SECRETARIA A SEX SIMBOL. Nacida como Hilda Isabel Gorrindo Sarli el 9 de julio de 1929, en Concordia, Entre Ríos, comenzó a trabajar como secretaria de su padre y luego, a modelar para distintos productos. Su belleza única hizo que la modelo le ganara a la secretaria y dejó el negocio familiar. La Coca saltó a la fama en 1955, luego de ganar “Miss argentina”. Tiempo después conoció al amor de su vida, el director de cine Armando Bó, con quien rodó varias películas, un total de 33, que la terminaron de consagrar.

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“A Armando lo conocí en un programa de televisión en el que se elegía Miss Argentina. Yo le tenía que dar la coronación a Doris del Valle, que salió miss ese año 1956 y fue instantáneo. Lo quise, lo quiero y lo querré”, dijo la actriz.

La relación fue un escándalo porque el director era casado y ambos se amaron hasta la muerte de él, quien la tuvo siempre bajo su lente como su gran musa inspiradora. Ambos fueron pioneros del cine erótico local y con Bó filmó 30 de sus 34 largometrajes. A pesar de sufrir la censura en varias escenas, éstas terminaron conquistando los mercados de todo el mundo. Los films, como “Carne”, “Fuego”, “Fiebre”, “La leona” y “La diosa impura” fueron un producto kitsch en su época y ahora causan más gracia que otra cosa, a pesar de ser objetos de culto.

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También protagonizó “Setenta veces siete”, de Leopoldo Torre Nilsson, y demostró que podría protagonizar un film “serio”, con un director encumbrado e incluso prescindiendo de su voluptuosa figura.

Su única rival fue la rubia Libertad Leblanc. La “Diosa blanca” frente a la “Diosa trigueña” fueron las equivalentes locales de Jayne Mansfield o Anita Ekberg.

SU VIDA DESPUÉS DE ARMANDO BÓ. La Coca se retiró del cine con la película “La dama regresa”, de Jorge Polaco, que resultó ser una suerte de mala parodia de los films de Bó. En 1998, a los 69 años, había tenido su primera y única participación teatral, como una de las protagonistas de la revista “Tetanic” junto a Moria Casán, Nito Artaza y Miguel Ángel Cherutti que resultó un éxito de boletería en el teatro Atlas de Mar del Plata.

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En 2004 hizo una participación especial en la telenovela juvenil “Floricienta”, donde interpretó el personaje de la madre de “Malala” Graciela Stéfani y “Beba” Mirtha Wons.

VIDA PRIVADA. Luego de la muerte de Armando Bó, en 1981, no se relacionó con otro hombre y armó su familia con dos hijos adoptivos, Isabelita y Martín, y junto a sus queridas mascotas en un caserón de la zona Norte del Conurbano.

Sus apariciones públicas fueron escasas y para contadas entrevistas, donde siempre recordaba a su querido Armando Bó y recordaba jugosas anécdotas de las escenas de sus películas.

Querida dentro del ambiente artístico y con una gran personalidad ingenua y candorosa, que poco tenía que ver sus escenas, la Coca fue una pionera en tiempos en los que la desnudez y las escenas eróticas eran una transgresión para la moral y las buenas costumbres de esos días.