El reconocido gastroenterólogo lomense aseguró que su gran deseo es utilizar su experiencia para transmitir sus conocimientos a las próximas generaciones y mejorar la medicina del país.
especialista en gastroenterología, llevó a cabo sus estudios en la UBA y se recibió en 1970.

A su consultorio, ubicado en el centro de Lomas, llega Julio Bai para comenzar su labor, teniendo bien en claro que su experiencia y su paso por los cargos más relevantes de diferentes organizaciones lo colocan como una luz de esperanza para efectuar un salto de calidad en la medicina argentina, con el fin de traspasar sus conocimientos a las futuras generaciones de gastroenterólogos.

“Cuando me invitaron y fui a Estados Unidos para ser profesor asistente de la Universidad de Texas, tenían la intención de que me quedara. Pero mi argumento para rechazar el pedido fue que me siento una pequeña luz de esperanza para Argentina y que si todas las luces de los grandes especialistas se iban de sus respectivos países, se terminaban apagando”, comenzó explicando el médico.

En un lapso de dos meses, Julio dará dos conferencias en París en el Congreso Mundial de Enfermedades Celíacas.

El gastroenterólogo de 71 años afirmó que su anhelo de aquella experiencia era desafiarse con la medicina académica, universitaria y hospitalaria norteamericana para saber si se encontraba a la altura de las circunstancias, para luego darse cuenta de que sí lo estaba. “Mi entorno me hace sentir un motor importante”, aseguró.

Actualmente, Julio se enfoca en publicar investigaciones, análisis y actualizaciones de diversos temas: “Escribo en las revistas más importantes de gastroenterología que hay en el mundo y que son de gran impacto en la especialidad, como por ejemplo ‘Gastroenterology’”.

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“En todos estos años fui director de la Escuela de Graduados de la Sociedad Argentina de Gastroenterología, presidente del Congreso Argentino, de la Sociedad Panamericana de Gastroenterología y vicepresidente de la Organización Mundial”, enumeró el doctor, siendo palabra más que autorizada entre sus colegas. A su vez, contó que la Universidad del Salvador es la única facultad que posee una cátedra en dicha especialidad y que fue titular de la misma.

El médico, especialista en gastroenterología, llevó a cabo sus estudios en la Universidad de Buenos Aires y se recibió en 1970. Luego, realizó un tiempo de residencia en el Hospital Fiorito y, en marzo de 1972, comenzó a trabajar en el Hospital de Gastroenterología Carlos Bonorino Udaondo, lugar en el que se desempeñó gran parte de su vida y que en la actualidad lo encuentra ejerciendo investigaciones con su grupo de trabajo: “No hay gente que conozca más los recovecos del hospital como los conozco yo”.

Acerca de la distinción que recibió por parte de la WGO (World Gastroenterology Organisation) como maestro de la gastroenterología mundial y su reconocimiento tras ser Orgullo de Ser de Lomas, dijo que lo tomaba como un gran mérito y que lo reconforta, pero aclarando que no trabaja por los premios: “Yo no lo busqué, sólo hago mi labor con todo el placer y dedicación”.

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“La salud en el país posee un problema muy grande. Muchos médicos de la atención pública deben ejercer su labor en lugares privados y eso va en desmedro de la primera. Se debería trabajar como en la mayoría de los países europeos, donde la medicina pública es la más importante y solamente se efectúa una atención privada desde el hospital público”, detalló el médico, aunque rápidamente aseguró que es una medida muy difícil de arraigar en Argentina.

En un lapso de dos meses, Julio dará dos conferencias en París en el Congreso Mundial de Enfermedades Celíacas, una de las patologías con mayor énfasis de investigación de su grupo de trabajo, participará del Congreso Argentino de Gastroenterología en Mendoza y viajará nuevamente al viejo continente para concurrir al Congreso Europeo de Gastroenterología.

“En estos momentos reflotamos un proyecto que lo desarrollamos hace 12 años y que trata sobre un cambio inmunológico, mediante una vacuna, que se puede producir en los celíacos, para que logren consumir gluten sin que les dañe el intestino. Sus resultados pueden ser trascendentales”, reveló y añadió: “Siempre me quedan planificaciones pendientes y son las que me movilizan. Las investigaciones llevan muchos años de trabajo y son un estímulo muy grande por el esfuerzo que demandan”.