La pizzería de Maipú 230, un paso obligado al salir del cine, nació de la mano de Juan, un inmigrante italiano que dejó su legado sobre el amasado.
“La gastronomía es sacrificada, requiere mucho tiempo. Y la competencia siempre es buena. El sol sale para todos acá”, remarca mariano.

“Cuando inauguró ‘Juancito’ yo tenía 10 años, íbamos mucho al cine: estaba el Maipú y el Universal, que después fue el San Martín. En esa época, el cine costaba 10 centavos. Si no tenía plata, repartía volantes para entrar gratis. Daban tres películas, íbamos a las 2 de la tarde y salíamos a las 7. Después, nuestra salida era ir a ‘Juancito’, que hacía una pizza buenísima. Era una gran fiesta. Éramos los chicos más felices del mundo”. Este recuerdo es de Lito Hambra (91), pero se replica en cientos de banfileños que pasaron alguna vez por esta pizzería que cumplió 81 años.

Cuando Juan llegó de Italia y se instaló en Banfield, el local se llamó “La cena”, un comercio “finito y largo”, en 1938. Dicen los memoriosos que la pizza “siempre salía igual”, al molde, y que las empanadas sfogliatella con crema pastelera eran “un manjar”.

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A cargo de “Juancito” (Maipú 230), desde hace 10 años está Mariano Vignapiano (36), el yerno de Sergio, el hijo de Juan. Mariano era de Avellaneda y llegó a Banfield por amor. Su esposa es la nieta de Juancito y embarcarse en este emprendimiento familiar fue sólo cuestión de tiempo. “No sabía de la magnitud de ‘Juancito’, yo tenía 19 años. Recuerdo cuando ascendió Banfield a Primera, estuve presente en el local que se llenó de gente. Es un espacio muy futbolero y fue una fiesta increíble. Eso me impactó bastante, a partir de ahí abandoné mis otros proyectos para dedicarme a esto”, cuenta Mariano.

Arrancó con Sergio, su suegro. En 2009, inauguraron el salón de arriba, con una parte para los chicos: un pelotero y juegos, un sector que se volvió necesario. Y cuando Sergio falleció, en 2011, Mariano tomó el mando por completo. “Sergio era como mi viejo, pasábamos mucho tiempo juntos. Aprendí mucho de él, nos llevábamos muy bien. Él muere el 1º de octubre y al otro día mi señora se entera que estaba embarazada, una mezcla de sentimientos entre tristeza y felicidad”, remarca.

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A pesar de los cambios, la esencia perdura: “Todos heredaron lo que Juan legó, el amasado, generación tras generación se fueron mamando las técnicas”. Así es como nadie puede resistirse a la fugazzeta rellena, la especialidad de la casa, con “doble piso directo con relleno de queso, jamón, muzarella, cebolla y morrones”. De hecho, remarcan que es la única pizzería con horno a leña en Banfield.

Detrás del reconocimiento de los clientes, hay “constancia y trabajo”, resume Mariano. “La gastronomía es sacrificada, requiere mucho tiempo. Y la competencia siempre es buena. El sol sale para todos acá. Yo en realidad competencia directa no tengo, este local hace 81 años que está. Pasaron muchos y nosotros seguimos”, agrega.

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“BANFIELD ERA UN PUEBLO”. Lito, un vecino de Banfield y que fue amigo de Juan. Recuerda que con 30 centavos cenaba en “Juancito” en la década del 40: una porción de fugazza con fainá, “que era lo que más llenaba” y un moscato.

“Cuando la pizzería inauguró, Banfield era un pueblo, casi una aldea. La calle estaba empedrada y todavía tenía las vías de un tranvía que años antes pasaba por Maipú”, describe y añade: “Tuvimos una niñez muy feliz en Banfield. Éramos humildes, pero muy felices”.