A 12 años del ascenso a la B Nacional del 2008, el héroe que tuvo Los Andes en la Promoción frente a Nueva Chicago habló de todo y repasó un logro inolvidable. "Fue el mejor año de mi carrera", remarcó.
Con los goles de Tridente, Los Andes festejar el ascenso.

Sale un pelotazo del fondo. La pelota pica alto, no hay un destinatario claro  y el delantero, con picardía y potrero, se las ingenia para ganarle la posición a Lemos, quien llega a puntearla para favorecer al rechazo de Méndez, el último hombre y quien estaba mejor posicionado, pero ese colorado era más vivo que cualquiera, puso el pie y se quedó con el balón. Y ahí sacó a relucir su talento: un toque sutil por encima del arquero y gol. Todas sus virtudes, en una jugada. Y una hora más tarde, con esa misma viveza, se desentendió de su marcador, quedó solo y desvió un remate sin peligro para descolocar al “1” y poner 2-0.  De ahí en más, la gloria total.

Si bien aún no se nombra a nadie en esta nota, todos los hinchas de Los Andes saben de quién trata esta historia. Ese jugador colorado, rápido y atrevido, es Jonathan Tridente, el héroe que tuvo Los Andes en el ascenso a la Primera B Nacional del 2008, del cual este domingo se cumplen 12 años. Y es que este atacante, habilidoso y con mucho potrero encima, convirtió los dos goles con los que el equipo lomense le ganó por 2-0 a Nueva Chicago, en el estadio Diego Armando Maradona, en el encuentro revancha de la Promoción de la temporada de 2007-2008 para cerrar la serie 3-0 (en la ida, el Milrayitas había ascendido 1-0) y así ascender a la segunda categoría.

“Tengo los mejores recuerdo, fue el mejor año de mi carrera, y además conseguimos un ascenso que parecía imposible de lograr, luego de sobrepasar mil cosas durante la temporada”, dice, a 12 años de aquel logro, Tridente ante Diario La Unión, en una charla en la que repasó una temporada que tuvo todos los condimentos.

Anotó seis goles en los ocho partidos del Reducido.

Fue un torneo de 47 fechas, con momentos buenos y otros malos, de alegrías y tristeza, en la que perdió los dos clásicos con Temperley y tuvo dos entrenadores, Alberto Pascutti hasta la fecha 32 y después a Rodolfo Della Picca (hoy técnico de Talleres), el encargado de enderezar el andar y  llevarlo a lo más alto. Y en medio de ese camino, tuvo una racha de ocho partidos sin ganar (cinco derrotas y tres empates) que lo alejaba de su sueño, pero después reacomodó su andar y en la recta final mostró su mejor cara, con siete partidos sin perder: cinco triunfos y dos empates.

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“Hicimos un esfuerzo muy grande durante todo el año y superamos un montón de cosas, como el cambio de técnico  (Pascutti renunció tras una derrota con Temperley) y el bajón que tuvimos a mitad de torneo, con ocho partidos sin ganar. Y ahí, en el peor momento, con los compañeros nos propusimos cambiar porque sabíamos que teníamos un buen plantel para pelear cosas importantes. Hicimos el click y eso fue clave”, comentó el “Colo” Tridente, quien jugó 44 partidos en la temporada (uno de los que más jugó en el año) y convirtió 14 goles, seis en los ocho partidos del Reducido, siendo el segundo máximo goleador del equipo, detrás de Alberto “Beto” Yaqué, con 15.

Y en ese recorrido, continuó: “Sabíamos que teníamos que clasificar porque había buen equipo. Y cuando logramos ese objetivo, que era lo más difícil, nos propusimos disfrutar e ir por más. Ahí hicimos el click definitivo, nos dimos cuenta de que estábamos para más y que podíamos conseguir algo que parecía imposible. La verdad es que nos veíamos afuera”.

-Conseguido ese primer objetivo, ¿cuál fue el partido más difícil del Reducido?

-Sin lugar a dudas, la final ante Sportivo Italiano. Era el candidato, el que estaba para ascender, y además jugaba muy bien. De local, por suerte, pudimos hacer un gol rápido (fue de su autoría), pero lo empataron y, como tenían ventaja deportiva, llegaron mejor para la revancha. Todo estaba a favor de ellos, pero ahí sacamos la garra, fuimos puro empuje y lo pudimos sacar adelante.  Fito hizo un gran trabajo defensivo, buscó aguantar el cero, porque confiaba que, con el Beto, alguna íbamos a tener. Y así fue.

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-Después vino la Promoción con Nueva Chicago, donde hicieron historia…

-Si, la verdad que sí. Fuimos el primer equipo que logró ascender por esa vía a la B Nacional. Y además superamos a un rival que llegó a la promoción porque le habían descontado muchos puntos, ellos estaban para pelear por el ascenso a Primera. Nosotros, a pesar de eso, confiábamos en lo nuestro. Y si bien ya estábamos contentos por haber ganado el Reducido, nos propusimos ir por todo, no perdíamos nada y teníamos todo para ganar. El gol de local, con el triunfo 1-0 en la ida, nos dio la esperanza. Y en la vuelta, lo pudimos liquidar rápido. También nos ayudó los problemas que tenían por el descuento de puntos y la salida del técnico Ricardo Rezza. Ese quiebre nos ayudó un montón.

-Tus goles en la final fueron clave para lograrlo. ¿Qué lugar ocupan en tu vida?

-Ese día me fue bien en todo sentido. Cada vez que agarraba la pelota, me salía lo que quería y en las dos que tuve para convertir, lo logré. La verdad es que estuve tocado por la varita, me salió todo lo que quise. Esos goles fueron de lo más importantes. Para mí, que 2004 tuve la desgracia de descender y poner la cara en un equipo que había muchas figuras que no querían jugar, significó mucho ese logro. Los goles ayudaron para devolver al equipo a la B Nacional y por eso quedarán grabado para siempre en mi memoria.

-¿Cómo vivís cada 28 de junio desde 2008?

-Me genera mucho porque pude anotar los goles ante Chicago, también hice seis en los ocho partidos del Reducido, y la gente te lo hace saber. Me escriben siempre, todos se acuerdas de eso, y lo valoró mucho. En el plantel éramos 30 jugadores los que luchamos para conseguirlo, pero siempre queda la última imagen y me quedó a mí. Pero esto fue gracias al esfuerzo de todos mis compañeros. Es un logro que lo recordaré toda la vida.